
La necesidad de tomar medidas para reducir la siniestralidad en la variante de Durango fue reclamada públicamente por Ziarrusta meses atrás tras el último accidente mortal que tuvo lugar en la salida hacia San Roke. El mandatario durangués solicitó también radares y su petición ha acabado siendo aceptada por el departamento de Obras Públicas tras «intensas negociaciones». Según explicó recientemente, uno de ellos se instalará en la bajada de la circunvalación en dirección a Urkiola, a la altura del camino de Momotxo, y el otro, controlará la velocidad de los vehículos que circulen hacia Bilbao, en las inmediaciones de Fundifés.
Sobre la nueva rotonda, el alcalde aseguró que ésta será una realidad este mismo año. «El acuerdo que hemos alcanzado con la Diputación para agilizar los trámites es que nos encargamos nosotros de redactar el proyecto, conseguir los terrenos y ejecutar las obras, y luego nos pagan el coste ellos. Si todo va bien, esperamos poder adjudicar las obras en verano», subrayó.
De momento, el primer paso que debe dar el departamento de Obras Públicas es escoger una de las tres alternativas de rotonda que le ha presentado el Ayuntamiento. «La actual desaparecería y se construiría una nueva, de dimensiones superiores», añadió Ziarrusta.
El proyecto no sólo reforzará la seguridad en las salidas y entradas a la zona de San Roke, sino que también eliminará otro «punto muy peligroso en el que, sin embargo, no ha habido tantos accidentes», como es la incorporación a la variante en dirección a Bilbao desde el acceso de Santa Apolonia. En cuanto la nueva rotonda esté construida, se obligará a los vehículos a circular hasta esta glorieta para poder realizar ese giro.








