Sin embargo, la violencia, la amenaza y la coacción están presente entre nosotros. Forman parte de nuestra sociedad, particularmente la de los adultos. Convendría que lo reconociésemos y dejáramos de actuar hipócritamente al situar el problema básicamente como un problema escolar. Es más familiar que escolar. Y es tan socio-económico como familiar. El tema preocupa, porque cada vez hay más adolescentes agredidos, amenazados y extorsionados por otros adolescentes, a quienes no conocían pero que no los van a olvidar, resultando para ellos una experiencia que va acondicionar su actitud general respecto de ciertos grupos o colectivos. No les vale que la sociedad o los padres les digan que no es lícito mantener posiciones discriminatorias, para ellos lo determinante es su experiencia personal como agredidos.
Convendría que la sociedad se detuviera un momento y reflexionara sobre lo que significan términos como adultos responsables y sociedad democrática responsable. Pero convendría que lo hiciera con serenidad, con la firmeza exigible pero con la prudencia debida, sin vulnerar derechos básicos de nadie. Sin invadir los espacios de intimidad y protegiendo debidamente la información que resulta de índole privada, sin perjuicio de su puesta a disposición de las autoridades judiciales.
No fue este el comportamiento del Departamento de Educación al difundir en una nota oficial, información privada referida tanto a uno de los agresores como a la propia víctima. Ni fue prudente ni responsable la decisión del Departamento. Tampoco era necesaria, mucho menos si la verdadera razón era la de 'contextualizar' el suceso. Lo prudente y responsable habría sido poner a disposición del Juzgado o de la Fiscalía que instruye el caso toda la información que dispone y que pueda resultar útil para el equipo psico-técnico a la hora de elaborar el informe preceptivo. En definitiva, un patinazo. Menos mal que también es de sabios reconocer los patinazos.
x.gurrutxaga@diario-elcorreo.com








