
-Los estudios sociológicos definen Vitoria como una ciudad de amplias clases medias. ¿Los comparte o debajo de las cifras frías hay muchas desesperaciones humanas?
-Es cierto que Vitoria se ve como la planteas, pero hay muchos casos preocupantes, muchos más de los que parecen.
-¿Casos descarnados?
-Pues sí, algunos francamente descarnados. Y lo peor es que cada vez se está llegando a situaciones más duras, más extremas.
-¿Conoce algunos concretos que incluso a alguien habituado como usted le sobrecogen?
-Sí. De parejas que se han separado y están viviendo situaciones límite por la precariedad a la que se ven abocados. Hay cosas por abajo que no salen a la luz.
-¿Vitoria es una casa bonita con polvo debajo de la alfombra?
-Pues algo de polvo ya hay, sí. Y algo más que polvo, también.
-Usted se ha referido habitualmente al mundo obrero con términos como precariedad, explotación y siniestralidad. Suena duro en una sociedad del primer mundo, ¿no?
-Suena muy duro, pero es la realidad. Cuando trabajas en el entorno de las empresas, con chavales que insertas en el mundo laboral, encuentras empresarios-modelo, pero también realidades muy crudas y de verdadera explotación. Por condiciones de trabajo extremas, contrataciones de chicos sin la suficiente preparación, precariedad y siniestralidad. No sólo es culpa de las empresas. Tampoco el Gobierno hace lo necesario para evitar los accidentes laborales.
Cifras alarmantes
-También se lamenta por la gente que vive bajo del umbral de la pobreza. ¿Tanta hay en esta ciudad?
-Sí, mucha. Nosotros tenemos un estudio con el que el Ayuntamiento no está de acuerdo, claro. Nuestro informe nos da casi un 20% de pensionistas que viven por debajo del umbral de la pobreza. Nosotros nos fijamos en el que marca la Unión Europea. No en los quinientos y pico euros mensuales de aquí, sino en los ochocientos. Aquí se está hablando de subir a seiscientos como la gran fuerza de estas elecciones y eso todavía es bajísimo. Pero es que hay muchos pensionistas que están cobrando trescientos y pico o cuatrocientos euros. Y si hablamos de salarios, muchos no perciben el mínimo interprofesinal.
-Si tuviera usted responsabilidades de gobierno, ¿por dónde tiraría para redistribuir el dinero?
-Por el reparto de la riqueza.
-Eso suena muy bien. Pero, ¿cómo?
-Primero, recaudando lo que hay que recaudar, que no se hace.
-¿Se va mucho por el desagüe?
-Eso es. En Álava hay un montón de vacaciones fiscales, ayudas que siempre benefician a los inversores y luego todo se carga en el IRPF de la base trabajadora. Se escapan muchísimos euros que no se deberían ir nunca y con los que se resolverían temas sociales.
-¿Está de acuerdo con la percepción de que Álava dispone de la más avanzada red de servicios sociales o sólo se vende bien el muñeco?
-Es verdad que en servicios sociales hemos sido punteros. Ahora estamos más igualados a otros territorios, nos hemos quedado un poco estancados. Es cierto que hemos sido modelo para muchas otras autonomías, pero también que cada vez se recortan más derechos sociales.
-¿Usted cree en el 'efecto llamada' de Álava por sus servicios sociales?
-Ha existido, pero ya no tanto. Ya no somos tan punteros.
-El último estudio sobre el Casco Viejo lo declaraba como zona especialmente deprimida. ¿Hay riesgo de que se convierta en un gueto?
-No lo considero un gueto, pero sí un lugar que reúne unas condiciones muy concretas donde se concentran más esas situaciones de las que estamos hablando. Personas mayores con pensiones muy bajas, jóvenes que no encuentran otro sitio de alojamiento por salarios muy escasos, mucho extranjero que llega ahí por el menor coste de los alquileres...
-¿La recuperación de la vida en el Centro Histórico debe empezar por mejorar las condiciones sociales de los vecinos?
-Yo creo que tendría que ir a la par. Pero lo primero es la persona, que el residente tenga sus necesidades mínimas cubiertas.
-¿Entiende las quejas de un sector vecinal que cree que se quiere mejorar la zona para los turistas?
-Pues... Lo que creo que no se ha hecho bien es la consulta a los vecinos. Hay que contar muchísimo más con ellos. Contentar a todo el mundo es prácticamente imposible, pero hay que escuchar.
Los nuevos pobres
-¿Ha surgido una nueva clase de necesitados casi inimaginable no hace tanto? Por ejemplo, hijos de familias acomodadas con estudios, sueldos escasos e hipotecas estrangulantes.
-Sí. Sobre todo jóvenes y mujeres solas con hijos. ¿Cómo hacen frente a las hipotecas tal y como están subiendo? Yo tengo cuatro hijos y a algunos de ellos les tengo que ayudar económicamente. Con 26 y 32 años. Tienen estudios y trabajo, pero no les llega.
-Usted reclama viviendas sociales de alquiler en función de la renta. Ahí falta mucho por recorrer, ¿no?
-Se está haciendo muy poco. No tenemos la cultura del alquiler, pero también es porque no nos han educado en ella. Nos han educado en la de la propiedad. El pisito y el seiscientos, y eso es lo que hemos transmitido. Habría que potenciar fuertemente un parque de viviendas en alquiler para jóvenes con pisos de un tamaño adecuado a sus necesidades y en función de sus sueldos. ¿Para qué quieren tres habitaciones?
-Pero tampoco los treinta metros cuadrados de la ex-ministra...
-No, no, no. En absoluto.
-Eso sí, no podrá negar que Vitoria ha levantado más VPO que ninguna otra ciudad en España.
-Sí, es verdad. Pero también que esto ha creado mucha especulación, un encarecimiento enorme.
-Usted ha trabajado doce años con jóvenes de dieciséis a dieciocho años para insertarles en el mundo laboral. ¿Se les puede definir como 'rebotados' del sistema educativo?
-Son chicos que no han terminado la ESO. ¿Rebotados? Pues sí, rechazados o rechazando el sistema educativo.
-¿Cuántos alumnos de este tipo reciben cada curso?
-Muchos. Actualmente tenemos noventa chavales, pero hemos llegado a 150 en un curso. Mucha gente no sabe que cada año recuperamos para la sociedad a un montón de chavales.
-¿Por qué llegan estos chicos a tal situación?
-Muchas veces es por desestructuración familiar. Otras porque se han metido en situaciones de droga que les han limitado como estudiantes. Y ahora tenemos la situación de muchos extranjeros, más de la mitad.
-¿Qué parte de culpa tienen los jóvenes y cuánto el sistema educativo en el fracaso escolar?
-Creo que el sistema educativo no sabe llegar a estos chavales. Por la apatía de los propios chicos, por no procurarles una atención mayor o diferente...
-Se ha desvelado que algunos 'menores' residentes en la Cruz Roja son mayores de edad. ¿Se sabía?
-Sí, sí. Se sabe de siempre. Para mí no ha sido una sorpresa.
-Ha habido varios rechazos para radicar a los menores inmigrantes que llegan solos en distintos puntos de Álava. Ahora también se levantan voces contrarias en Armentia. ¿Qué le parecen estos recelos?
-Eso demuestra el tipo de sociedad en la que vivimos. También hemos buscado pisos en Vitoria y la gente se ha opuesto, ¿eh? Hay un rechazo, en parte por desconocimiento de cómo se trabaja con estos jóvenes.
-¿No le gusta esta sociedad?
-Me gusta, pero creo que se puede cambiar. Vivo a gusto, pero con una lucha tremenda día a día por mejorar una sociedad con la que, en parte, no estoy de acuerdo.
Ley de Extranjería
-La inmigración crece a un fuerte ritmo. ¿Cree que la sociedad alavesa es abierta y tolerante?
-(Largo silencio). A medias nada más, no del todo. Se está provocando por algunos la sensación de miedo interesadamente.
-¿Qué opina del 'carné por puntos' para los extranjeros que pretende el PP?
-Los que trabajamos con inmigrantes sabemos que todo lo que dice ahora Rajoy ya se está llevando a cabo. Tenemos una Ley de Extranjería de lo más estricta. A la primera que se salen del camino, sin ser muy grave la causa, les puede llegar una orden de expulsión.
-Muchos empleos que ocupan extranjeros son los que nosotros no queremos. ¿Los inmigrantes se pueden convertir en los nuevos explotados o ya lo son?
-Sí. Ya lo son. Los sueldos que reciben son más bajos y sus condiciones de trabajo, peores.
-Acaban de denunciar a una hostelera vizcaína por pagar un euro por hora a sus camareras extranjeras. ¿Conoce algo similar aquí?
-No me ha sorprendido porque conozco situaciones muy malas en Vitoria. No con ese infrasueldo, pero sí con salarios por debajo del mínimo interprofesional. Y eso es explotación.






