En Colombia, las levas no son forzosas, pero no existen más oportunidades para las afectadas. «Sucede en áreas remotas controladas por la guerrilla. Las muchachas pueden estar ligadas familiarmente con los insurgentes o haber sufrido la represión de las tropas regulares -dice Castillo-. Padecen una vivencia terrible cuando están construyendo su identidad. Quedan atrapadas por un conflicto que no entienden, entre una infancia frustrada y la vida adulta». Se convierten en personas desconfiadas con graves carencias en su personalidad y dificultades para acceder a la madurez psicológica.
En África hay problemas añadidos como el tráfico internacional que impide descubrir su origen. Según Castillo, la disminución de conflictos armados en la última década ha afectado a su magnitud, aunque, posiblemente, se haya intensificado en El Chad, hoy envuelto en una contienda civil.








