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LUCHA CONTRA LA INSEGURIDAD CIUDADANA
«No somos una policía juvenil»
Educadores trabajan con adolescentes de entre 12 y 18 años en Barakaldo y se mezclan en las cuadrillas para promover actividades alejadas del alcohol y las drogas
10.02.08 -

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«No somos una policía juvenil»
JUAN DE GARAY. La presencia de los educadores es habitual en las zonas de ocio nocturno de Barakaldo. / LUIS CALABOR
Son algo más que simples 'colegas' de los adolescentes. Van juntos al cine, se disfrazan, salen de fiesta... Comparten su ocio con los chavales de Barakaldo, pero no lo hacen sólo para divertirse. Ese «buen rollo» es la principal herramienta de trabajo de los educadores de calle, una fórmula planteada desde el Ayuntamiento para atajar la inseguridad ciudadana en la zona de copas de la localidad. La misión de estos singulares guías de la juventud baracaldesa -únicos en Euskadi- es convertir «las experiencias positivas en la referencia del grupo» y alejar así a los menores del mundo del alcohol y las drogas. Hace ya un año y medio que empezaron a patearse la segunda urbe vizcaína, donde se han ganado a pulso la confianza de numerosas cuadrillas. Han logrado cautivarles gracias a mucha mano izquierda y un lenguaje cercano. El mismo que utilizan para narrar a EL CORREO su labor con los muchachos de entre 12 y 18 años.

Todo ese colegueo tiene su punto de partida en los institutos. Hasta allí se acercan los educadores en horario extraescolar a la caza y captura de la cuadrilla de turno. «Intentamos atraer al líder. Siempre hay alguien en los grupos que lleva la voz cantante y te abre la puerta del resto», describen Andoni y Laura, nombres ficticios de dos de estos profesionales, que prefieren conservar el anonimato para evitar malentendidos con los adolescentes.

Han llegado a ser «conocidos, reconocidos y valorados» por gran parte de los menores, una conquista demasiado golosa como para arriesgarse a perderla ahora. El primer objetivo es precisamente «seducirles» para luego llevarles por el buen camino. Tras hacer buenas migas con los chavales, toca adaptarse a sus preferencias en el tiempo libre. Es por ello que dejan organizar gran parte de las actividades a los propios jóvenes. A los educadores les toca permanecer normalmente en un discreto segundo plano, aunque pasan a tomar la iniciativa cuando se trata de facilitarles la labor poniendo a su disposición locales públicos o buscando información como si de unos genuinos 'managers' de famosos se trataran. «Buscamos que ellos mismos construyan un tipo de ocio y les dejamos elegir lo que más les guste en cada momento», apunta Andoni. De los 365 planes ofrecidos hoy en día por el servicio, 168 han sido propuestos y elaborados sobre la marcha por los adolescentes. Tienen iniciativa.

Salvo que medien razones de «causa mayor», los educadores no se separan del grupo en ningún instante. Son uno más. «Si van a comer pipas al parque, ahí estamos. Y si prefieren acercarse al teatro, también». Tal es su disposición a abrirse a las iniciativas de los jóvenes, que incluso les pueden llegar a acompañar en una tarde-noche de fiesta por los pubs de moda. Si se tercia, claro. En el caso de los más jovencitos, organizan sus propios saraos sin alcohol en las casas de cultura.

-¿Les acompañan también a tomarse unos 'litros'?

-¿No, no! Si van de botellón, desde luego a nosotros no creo que nos avisen... Ahí no pintamos nada.

-Igual hasta les cuentan sus aventuras con el alcohol...

-El objetivo es que, si llegan a dar ese paso algún día, sea siendo conscientes de que deben seguir un consumo responsable.

-¿Habrán echado la bronca a alguno por fumar o beber!

-Nosotros no somos una policía juvenil. Les dejamos claro qué es bueno para ellos y qué no, pero no les perseguimos. Ninguno lo va a hacer delante nuestro, aunque a alguno que otro sí que le hemos llegado a ver fumando un pitillo.

Móviles y chats

En el peliagudo mundo de las relaciones juveniles, las nuevas tecnologías juegan un papel esencial. El 90% de los chavales de Barakaldo tienen a su disposición un ordenador con conexión a Internet y un móvil. «Los educadores chatean con ellos fuera de su horario por el Messenger -el programa de moda- y suelen tener el teléfono conectado por si tienen alguna duda o quieren quedar», cuenta la edil de Juventud, Izaskun León. Es más, esa forma de contacto facilita las cosas a los padres. Hasta los progenitores pueden consultarles y pedirles ayuda a los 'colegas' adultos de sus hijos. Si hay un «problema grave» de por medio son los propios educadores quienes les avisan, derivando a los chavales a servicios sociales y sanitarios si fuera necesario.

Por adaptarse en gran medida a los gustos de las cuadrillas, no se dejan de inculcar ciertos valores. O eso creen en el Consistorio. León habla de difundir «la cultura y la solidaridad» entre los adolescentes y los educadores parecen haberse aplicado el cuento al pie de la letra. «En un reciente rastrillo solidario en la Herriko Plaza, doce chavales, algunos sin relación entre sí, atendieron a la gente en un 'stand'», recuerda Laura. El futuro está en sus manos.
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