Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Política

LA IZQUIERDA ABERTZALE, ANTE LA JUSTICIA
Fin de etapa (José Luis Zubizarreta)
Los autos que han dictado la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo marcan el espacio en el que, de ahora en adelante, habrá de desenvolverse la política
10.02.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Fin de etapa (José Luis Zubizarreta)
AUDIENCIA. Baltasar Garzón, el pasado jueves. / EFE
Los autos que anteayer dictaron la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo, suspendiendo la primera, por la vía del Código Penal, las actividades de ANV y EHAK, y prohibiendo el segundo, en aplicación de la Ley de Partidos, la presentación de candidaturas electorales por parte de esas mismas organizaciones políticas, definirán, cuando tales resoluciones se sustancien en sentencias firmes, el escenario en que habrá de desenvolverse la política vasca y española en el próximo futuro.

Cuando esas mismas instancias judiciales adoptaron, hace ahora más o menos un lustro, idénticas disposiciones respecto de Batasuna, se abrió una especie de período de provisionalidad, en el que no resultaba fácil de prever cuál sería el rumbo definitivo que tomarían los acontecimientos. De un lado, no estaba claro hasta qué punto iban a tener éxito los sucesivos intentos de la izquierda abertzale por hacerse presente en las instituciones, burlando los requisitos de una Ley de Partidos que parecía ofrecer demasiados flancos débiles. De otro, las expectativas que se abrieron con el alto el fuego de ETA permitieron que se instaurara un espacio de tolerancia por parte del Estado de Derecho, que contribuyó a hacer aún más confusa y borrosa la situación.

Sin embargo, con los autos de anteayer, la provisionalidad ha llegado a su fin, y resulta verosímil plantearse un próximo futuro en el que la ausencia de la izquierda abertzale respecto de las instituciones y de la vida política organizada será la regla general con la que habrá que contar. La situación tiene además todos los visos de ser irreversible. Vistos los fundamentos en que han ido basándose las sucesivas resoluciones judiciales, no resulta pensable que la izquierda abertzale pueda volver a las instituciones mientras no se cumpla uno de los dos supuestos siguientes: o bien que ETA se disuelva, o bien que la izquierda abertzale rompa explícitamente sus vínculos con la banda. Sobrevivirán y malvivirán ANV y EHAK en ayuntamientos, juntas y parlamento hasta que terminen las presentes legislaturas, pero el escenario que comenzó a perfilarse con el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, y se completó con la aprobación de la Ley de Partidos, se ha consolidado de manera definitiva.

Nos encontramos, pues, quiérase o no reconocer, ante el final de una etapa y el comienzo de otra nueva en la lucha antiterrorista. Bien sea por cansancio, bien por convicción, los postulados ideológicos que dieron sustento a la etapa de Ajuria-Enea han quedado definitivamente arrumbados, y habrá que ir pensando en otros nuevos que den coherencia a la que ahora se abre y que muy poco va a tener que ver con la anterior. Que nadie se equivoque. Si el Acuerdo de Ajuria-Enea fue capaz de generar un discurso propio que duró hasta la última experiencia de diálogo, el nuevo que ahora se ha fraguado, y cuyo nombre ni siquiera conocemos, generará también sus propias actitudes, que calarán, como lo hizo aquél, en el cuerpo político y social.

Quienes más van a resistirse a dar por cerrada la vieja etapa y a acomodarse a la nueva serán, sin duda, los partidos que hoy representan en Euskadi al nacionalismo democrático o institucional. Se les nota incluso en el lenguaje que emplean. En él 'lo nuevo' y 'lo viejo' se usan como conceptos que van a contrapelo de lo que está sucediendo en la realidad política y social. Así, cuando los miembros del tripartito se empeñan en definir como «vuelta a lo viejo» todo lo que tiene que ver con la aplicación de la Ley de Partidos, no se dan cuenta de que es ésta, y no sus viejos postulados, la que señala la dirección que ya ha tomado la auténtica novedad. En el asunto del terrorismo y de la lucha contra él, se ha instalado en este país una corriente política y social a la que el nacionalismo trata en vano de hacer frente, pero que acabará arrastrándolo también a él por la mera fuerza de los hechos y de su correcto análisis y evaluación.

El nacionalismo se resiste a verlo. Está, sin duda, ofuscado por intereses electorales de muy corto plazo. Mira aún de reojo al caladero de votos que se le abre con la ausencia de la izquierda abertzale de las próximas elecciones generales. Quizá cuando éstas pasen y el nacionalismo constate, tras el recuento de las papeletas, lo muy poco que habrá sacado de ese caladero que le está por muchas razones vedado, comience a mirar las cosas con otros ojos y a darse cuenta de que su eventual crecimiento está en esa nueva corriente ciudadana que se ha creado y que, en vez de esforzarse inútilmente por parar, mejor haría en tratar de encauzar y liderar. Porque, si no es por aquellas falsas expectativas electorales, no acaba de entenderse que sea el nacionalismo democrático el único que no se sienta cansado de las trampas que le ha tendido la izquierda abertzale y convencido del nulo resultado que han obtenido con aquélla las viejas prácticas empleadas.

j.l.zubizarreta@diario-elcorreo.com
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS