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La idea de los responsables de Sanidad es que este segundo estudio siga los mismos patrones que el anterior. Es decir, técnicos de Consumo se desplazarán por toda la geografía nacional para reclutar a hombres de entre 12 y 70 años y medir los mismos parámetros que las mujeres: pecho, cintura y cadera, en relación con la estatura.
Las medidas se efectuarán en las seis cabinas del Instituto Biomecánico de Valencia que sirvieron para el anterior análisis. Cada una tiene la capacidad de calcular automáticamente 130 parámetros en medio minuto, gracias a la posibilidad de obtener la forma del cuerpo en tres dimensiones. El coste del primer estudio ascendió a 1,5 millones de euros.
De la Vega adelantó que esta segunda muestra abordará «los mismos temas» y será igualmente orientativa para la industria textil. «No se trata de un tema impositivo, sino de un trabajo que está ahí y que va a permitir que se pueda trabajar de otra manera y prestar un mejor servicio a la ciudadanía», señaló.
La vicepresidenta quiso aclarar que el informe se encargó tras las conclusiones de una ponencia del Senado creada para estudiar y abordar los problemas relacionados con los trastornos alimenticios. «Se puso de manifiesto la necesidad de proceder a una regulación que permitiese establecer mejores condiciones de las mujeres al acceso de determinadas tallas , que son desiguales en España con respecto a otros países», recordó.
Nada más conocerse las conclusiones, el diseñador y presidente de la Asociación de Creadores de Moda de España, Modesto Lomba, mencionó que el sector recibía «con aplausos» la homologación de las tallas. Sin embargo, los pensamientos de sus compañeros iban ayer en otra dirección.
«Una tontería»
El más beligerante fue el veterano Elio Berhanyer, quien en la presentación de la Pasarela Cibeles declaró que el estudio «es una tontería». «Llevo 50 años en el mundo de la moda y ya es hora de que se tome más en serio. ¿Qué es eso de forma diábolo, cilindro y campana?», se preguntó el diseñador que en su momento vistió a las nietas del dictador Franco y a la aristocracia de la época.
El vanguardista David Delfín considera que estas categorías «van a suponer un lío tremendo». «Tres tallajes diferentes para cada modelo es inviable. Serían cientos de tallas , miles. Imposible de llevar a cabo. Los arreglos de las prendas no van a desaparecer porque es imposible que una misma talla quede bien a varias personas», advirtió.
A favor, en cambio, se mostraron Jesús del Pozo y Aníbal Laguna. El primero considera que para que funcione es necesario «unificar las tallas en toda Europa». El segundo, que «ese mismo estudio» ya se hizo hace 15 años y llegó a las mismas conclusiones. «Ahora, la pelota está en el tejado de la industria», opina.








