
Inclán realizó el inesperado anuncio al término del Consejo de Gobierno. El responsable de Sanidad compareció junto a la portavoz del Ejecutivo, Miren Azkarate, que antes de ceder la palabra al consejero quiso expresar públicamente el «rotundo apoyo» del tripartito a Inclán «ante tantos comentarios malintencionados». Azkarate se refería así a las informaciones sobre las voces críticas que han alzado algunos sectores del PNV -nunca de forma oficial- ante la gestión del consejero en un conflicto que amenazaba las expectativas electorales de la formación peneuvista.
La huelga del pasado martes supuso un punto de inflexión en el enfrentamiento. Ambas partes entraron en los días previos en un cruce de descalificaciones con el que trataron de poner de su parte a la opinión pública; Osakidetza llegó a difundir los sueldos de los trabajadores y el coste que sus reivindicaciones tendrían para la sociedad. Esta campaña de «descrédito», unida a los perjuicios ocasionados por la jornada de paro a los usuarios, ha socavado la imagen pública de los trabajadores. Conscientes de la pérdida de apoyo social, los sindicatos ofrecieron a Osakidetza una tregua en sus movilizaciones si reabría el diálogo. Inclán tampoco quiere ser el 'malo de la película'. La decisión de cerrar en falso el conflicto a través de una vía tan impopular como la del 'decretazo' podría ser interpretada como un mensaje contradictorio por parte de un Gobierno empeñado en enarbolar la bandera del diálogo y el acuerdo en todos los ámbitos de su gestión. La consejería, por otro lado, es consciente del malestar generado en los centros de trabajo tras pactar mejoras salariales con los médicos y no con el resto de trabajadores.Tampoco ha sido impermeable a las críticas de «inmovilismo» lanzadas desde los partidos de la oposición.
Inclán está convencido de que la sociedad «no entiende el conflicto que se ha generado, ni confía en el grado de sinceridad de los sindicatos», que «por un lado apelan al diálogo mientras convocan a la vez dos huelgas generales en pleno periodo electoral». A pesar de este reproche, el consejero se mostró ayer receptivo a recoger el guante lanzado por los sindicatos. «El Gobierno vasco se reafirma en su oferta de diálogo», aseguró Inclán. «Vamos a mantener reuniones con los sindicatos, vamos a valorar sus reivindicaciones y, tras analizarlas, proponer una nueva oferta que, en el marco de lo razonable, sea tratada en una nueva mesa sectorial».
Contactos bilaterales
Los responsables sanitarios «explorarán la verdadera voluntad» de los trabajadores a través de contactos bilaterales con los sindicatos, que se desarrollarán entre mañana y el próximo martes. «Esperemos que esta propuesta no sea sólo un intento por ganar tiempo y evitar una huelga o por poner de su parte a la opinión pública, lo que sería una tremenda irresponsabilidad», advirtió Nere Urrestarazu. La representante de ELA insistió en que por parte de los trabajadores existe una «voluntad real» por solucionar el conflicto.
En general, las centrales han recibido la llamada del departamento con satisfacción contenida. «Tenemos la esperanza de que esta vez vaya en serio», apuntó la delegada del sindicato de enfermería Satse, Encarna de la Maza, que apostó por superar una fase marcada por «la falta de contenidos en la negociación» y la «campaña de manipulación» emprendida por los responsables de Osakidetza. De la Maza insistió en que los sindicatos están dispuestos a «flexibilizar» sus posturas aunque hay cuestiones «innegociables», como la disminución de las cargas de trabajo mediante la ampliación de la plantilla o la eliminación de «discriminaciones» entre personal fijo y eventual.
La representante de CC OO, Pilar Ortega, admitió su «sorpresa» ante el inesperado giro dado por el conflicto, que consideró un «importante avance». «Esperamos que a partir de ahora se abra una verdadera negociación y no una imposición», confió, desde la prudencia. Por su parte, Arantza Agote (UGT) expresó su desconfianza ante los verdaderos propósitos del equipo de Gabriel Inclán. «Me temo que esta invitación sea un lavado de imagen. Hemos sido engañados demasiadas veces como para tener confianza en su buena voluntad».
Pese a estas cautelas, los sindicatos acudirán a las reuniones con la intención de acercar posturas para zanjar el conflicto «de una vez por todas». Y recordaron que, en caso contrario, reanudarán su calendario de movilizaciones con una segunda huelga general el día 21, a la que seguirá otra el seis de marzo, tres días antes de las elecciones. «Esperamos no llegar a ese extremo».








