«Lo que está escrito, está escrito, y no nos arrepentimos de nada», afirmó el religioso en referencia al texto, «elaborado con responsabilidad» y en el que la CEE ha tratado de ofrecer unos «criterios de orden moral para ayudar al discernimiento». «Sabemos que el Evangelio no se identifica con ningún proyecto político», añadió.
Blázquez sostuvo que la Conferencia Episcopal «no esperaba» levantar tanta polvareda: «Nos han sorprendido mucho las reacciones a la nota, ya que es habitual elaborarla ante la proximidad de las elecciones». Argumentó su tesis en los «números entre paréntesis» que trufaban el texto: «Con ellos hacíamos referencia a una instrucción pastoral aprobada por la CEE el 23 de noviembre de 2006 -titulada 'Orientaciones morales ante la situación actual de España'-, donde se dictaron unos criterios que son los que pueden encontrarse en el escrito actual». «Ésta es una propuesta ofrecida con respeto. Luego, el que vota es cada ciudadano», recalcó.
La advertencia de Blanco
En el mensaje, los obispos sugieren a los católicos -«y a todos los que deseen escuchar»- que su apoyo en las próximas elecciones de marzo no puede orientarse a opciones que tengan a una organización terrorista «como interlocutor político», frase que, para la mayoría de los partidos, remite a las conversaciones mantenidas entre el Gobierno y ETA durante la tregua. Sin nombrar siglas, aboga por los grupos que defiendan normas de tipo moral y se refiere al matrimonio homosexual, instituido durante la legislatura socialista, como una de las «leyes gravísimamente injustas que deben ser cambiadas». También rechaza las opciones que apoyan el aborto y la eutanasia. Por otro lado, alude a la defensa de la unidad de España, concepto que el PP ha convertido en uno de sus mensajes fundamentales esta legislatura.
Ricardo Blázquez se desayunó ayer con la advertencia vertida el día anterior por el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, en el sentido de revisar los acuerdos Estado-Iglesia para avanzar en la autofinanciación de esta última. El prelado no quiso entrar a valorar la posibilidad. Sí lo hizo, en cambio, el cardenal arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, quien dijo no entender las palabras de Blanco como «una amenaza» porque la Iglesia carece hoy de «privilegios».
El presidente de la Conferencia Episcopal también eludió pronunciarse sobre la distinta sensibilidad expresada por algunos miembros de la curia, como los obispos catalanes, a quienes ayer aludió precisamente la ministra de Vivienda y candidata del PSC durante un mitin. Carme Chacón se felicitó porque la jerarquía catalana «se desmarque de forma abierta» de un comunicado que se «aleja del sentir de sus fieles».
Por otra parte, Blázquez sí reconoció haber atendido una llamada telefónica de reproche por parte de la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega: «Me llamó la otra noche, hablamos un poquito, no mucho. Le dije que los números entre paréntesis remitían a aquella instrucción, así que, en realidad, no hay ninguna novedad en el contenido». Ante la pregunta de si entendía el enfado de los socialistas, afirmó que él no entiende de las «circunstancias de cada uno».
El obispo, sin embargo, quiso enviar un mensaje conciliador: «Pido que desaparezca la tensión y vuelva la calma, que la nota sea leída con objetividad y serenidad». «La fe cristiana y la moral católica no pueden ser impuestas, pero ésta es una oferta a una sociedad plural y democrática como la nuestra», concluyó.







