
Aunque el duque de York destacó la importancia de las relaciones entre ambos países, afirmó que «ha habido ocasiones en las que algunos en Reino Unido habrían deseado que aquellos en posiciones de responsabilidad en Washington hubiesen escuchado y aprendido de nuestras experiencias».
La historia 'imperial' británica hace del país al que representa un pozo de experiencias en política internacional de las que carece EE UU: «Si nos fijamos en el colonialismo, si nos fijamos en las operaciones a escala internacional, si nos fijamos en el entendimiento de las culturas de unos y otros y queremos entender cómo funciona una campaña de insurgencia militar, hemos pasado por todo ello. Hemos ganado algunas guerras, otras las hemos perdido y otras empatado. La cuestión es que aquí contamos con mucha experiencia que es válida y debe de ser escuchada».
El especialista de la BBC en temas de la corona, Peter Hunt, comentó ayer que «mientras algunos cuestionarán la conveniencia (del príncipe Andrés) de haber dado este paso», sus colaboradores describieron sus comentarios como una «valoración meditada» de la posición que defiende y aseguraron que sus ideas han sido plasmadas adecuadamente por el diario estadounidense.
Gira por EE UU
El objetivo de la entrevista, publicada ayer y datada en Londres, era promocionar la gira del duque de York por EE UU, donde durante diez días visitará siete ciudades y se reunirá con autoridades y empresarios para promocionar el comercio con Reino Unido, una labor que desempeña desde hace siete años. El tercer hijo de la reina Isabel II habló también de su matrimonio y de la guerra de las Malvinas (1982), que Reino Unido libró contra Argentina, y en la que participó como oficial de la Marina.
La crítica del príncipe Andrés se refiere únicamente al rechazo por parte de EE UU de seguir los consejos de Londres acerca de cómo reconstruir las instituciones iraquíes y ayudar al país árabe a adoptar un sistema democrático. Precisamente, el ex ministro de Defensa, Geoff Hoon, aseguró a 'The Daily Telegraph' en 2006, que él y el entonces 'premier', Tony Blair, pidieron a Washington que no desmantelase el Ejército iraquí ni purgase a todos los miembros del partido de Sadam de sus puestos.
Bush no les hizo caso. En mayo de 2003, el entonces administrador de Irak, Paul Bremer, dio dos órdenes: ilegalizar el Baas y disolver el Ejército de medio millón de soldados y agentes de espionaje. Muchos consideran esas decisiones las causas que permiten a los insurgentes mantener en jaque a las fuerzas de ocupación.






