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Cultura

CULTURA
Maduro
06.02.08 -

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No es que Mike Oldfield sea ya una 'estrella' de la música contemporánea, francamente, pero al menos se le debe reconocer todavía su doble virtud de artista popular y permanentemente experimental. Algo realmente milagroso, sí, tanto por la fugacidad del éxito y la fama en el mercado actual de la música, como por la dificultad de mantener la popularidad y un constante ánimo experimental durante casi treinta y cinco años de carrera.

Evidentemente, en ello tiene mucho que ver la calidad compositiva de un músico que ha sabido adaptarse a las corrientes de cada momento, buscando también soluciones de tecnología instrumental e inspiraciones en paralelo con la cultura y la sociología contemporánea. A saber, Oldfield no sólo es un histórico del rock sinfónico y un pionero aplicado de los sintetizadores, las cajas de ritmos y los loops, sino también un defensor de la integridad y la superioridad instrumental frente a los excesos cibernéticos.

De igual manera, su afinidad inicial con el folk le ha convertido en un dominador de los ritmos étnicos y hasta de la World music. Hablamos ahora de un compositor maduro y todavía popular, que hace una música contemporánea y sinfónica, pasada por un chill out medio hipnótico, con coros de calidad, formidables arreglos instrumentales e influencias multiculturales. Casi nada.
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