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Ven deusto
Piden 3 años para un conductor ebrio que derribó un semáforo y mató a una mujer

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«Lo siento, pido perdón a la familia, nunca pensé que podía pasar algo así». J.M.E.L., de 45 años y vecino de Bilbao, arrojó una tasa de alcoholemia de 1,58 miligramos de alcohol por litro de aire espirado, seis veces por encima de la máxima permitida de 0,25. La Policía Municipal le sometió a la prueba después de que su furgoneta desbocada derribara un semáforo y causara la muerte a una viandante -Petra Jiménez, de 81 años-, la pasada primavera. Según los agentes locales que le detuvieron, presentaba una «afección alcohólica extrema».

Alto y enjuto, el hombre, que sigue tratamiento psicológico y de deshabituación del alcohol, declaró ayer como acusado de homicidio imprudente ante el Juzgado de lo Penal número 2 de Bilbao. Los hechos se produjeron a las 13.55 horas del 4 de marzo de 2007 en la avenida Madariaga, del barrio de Deusto, «en un día despejado, sin mucho tráfico y en una amplia calzada», describió la fiscal. El conductor atribuyó el accidente a un «despiste», aunque admitió que había bebido «tres o cuatro cervezas» y tomado tranquilizantes para dormir. «Se me cayó algo, debió de ser el tabaco, porque iba fumando, y la furgoneta se fue contra el poste del semáforo». La 'Opel Vivaro' golpeó el semáforo, situado «a un palmo», y lo derribó. La luminaria se desgajó y, junto con un trozo de tronco, «aplastó a la peatona» que estaba charlando en la acera con una conocida de toda la vida, según el relato del ministerio público.

J.M.E.L. recordó que, después del impacto, se apeó del vehículo y se dirigió hacia la mujer, que yacía en la acera, «para atenderla». «Estaba todo lleno de sangre». El fiscal pide para él tres años de prisión y cinco de prohibición de conducir vehículos a motor; la acusación particular, tres años de cárcel y seis sin carné. Por su parte, la defensa considera que su cliente incurrió en una falta de lesiones, aunque al final del juicio reclamó a la jueza que no imponga una pena superior a los dos años y que no tenga en cuenta «el resultado de su acción, sino cómo se produjo». «Por desgracia, en este caso hubo un cúmulo de circunstancias y mucha mala suerte», afirmó el abogado.

Pomada

Mari Luz, la mujer que acompañaba a la víctima cuando fue alcanzada, testificó que ambas estaban «tranquilamente hablando cuando vino la furgoneta a toda velocidad y se subió a la acera. Nos tiró al suelo, a ella la mató y a mi me dio un golpe en el que todavía hoy me tengo que dar pomada». El médico forense que practicó la autopsia al cadáver atribuyó la muerte a un «shock traumático hipovolémico, es decir una pérdida de sangre derivada del accidente».

Según los policías municipales que acudieron al lugar, el conductor presentaba síntomas «evidentes» de encontrarse bajo la influencia de bebidas alcohólicas. Los agentes señalaron que apenas mantenía el equilibrio, balbuceaba al hablar y se mostraba «incapaz de recordar lo que había pasado». En el primer test, el resultado fue de 1,58, y en el segundo, que se realiza a los diez minutos, fue de 1,51 miligramos por litro de aire espirado. En su declaración en la vista oral, J.M.E.L., que conduce desde hace 28 años, dijo, sin embargo, que aquel día estaba «en condiciones» de ponerse al volante. El letrado de la acusación particular apuntó que el acusado, que sigue conduciendo al no haberle sido retirado el carné, ya fue arrestado en 1993 por una alcoholemia, aunque es un antecedente no computable por el tiempo transcurrido.

Las trágicas casualidades de la vida han querido que Petra, una modista bilbaína retirada, muriera de la misma forma que lo hizo su marido a los seis meses de la boda. Un coche le atropelló y dejó viuda a la recién casada. «Viajera», «emprendedora» y «muy creyente», como la definen sus familiares, Petra nunca volvió a casarse.
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