
EL DEBATE
En opinión de observadores cualificados, «el tema de ETA le da unas armas a EDF muy fuertes». El esquema de influencias es muy evidente en este caso. El Estado del país vecino no sólo es el principal propietario de la empresa, sino que ya ha reconocido públicamente que ha participado en los primeros contactos con el Ejecutivo español para sondear las posibilidades de la operación. El entusiasmo francés en su intento de asalto a Iberdrola, apuntan algunas fuentes, parece no tener límites y tampoco la presión que puede llegar a ejercer sobre el Gobierno español para vencer sus resistencias.
El presidente del Partido Nacionalista Vasco, Iñigo Urkullu, sobrevolaba ayer sobre estos mismos temores e incluso lanzaba una advertencia al Gobierno de Zapatero. Así, en la presentación de las candidaturas de su partido a las próximas elecciones generales, Urkullu se refirió en tono crítico a la operación sobre Iberdrola «dirigida -dijo- por empresas públicas de países europeos, contra empresas arraigadas en Euskadi y que pudieran tener, quizá, el consentimiento a modo de contrapartida del Gobierno español».
Todo parece indicar que el origen de este terremoto eléctrico hay que situarlo en la figura de Florentino Pérez -ACS controla el 13% del capital de Iberdrola y es su principal socio-, quien hace ya algunos meses planteó a EDF la posibilidad de establecer una «colaboración» en torno a Iberdrola. ACS, al parecer, se mostró dispuesto a jugar en la eléctrica presidida por Galán un papel similar al que Acciona ejerce ya en Endesa como introductora de la compañía italiana Enel: el del socio que pone la etiqueta española a una operación que puede despertar enormes recelos. Las buenas relaciones entre Nicolas Sarkozy y el jefe del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, permitieron al presidente de la República Francesa trasmitir al inquilino de La Moncloa el interés de EDF por el «sector energético español». Esa conversación se habría producido en la reciente cumbre hispano-francesa celebrada a principios de enero, en la que se acordó construir una nueva línea de interconexión eléctrica entre ambos países -permitirá duplicar la capacidad actual de intercambios en el sector- y también la creación de equipos conjuntos de investigación para perseguir a los miembros de ETA en territorio francés.
Maniobras a destiempo
A partir de ese punto y de una supuesta «respuesta receptiva» por parte de Zapatero a la presencia de EDF en España, se han desatado iniciativas que han generado un evidente malestar en el Gobierno y también temores sobre el desarrollo futuro de esta cuestión. Las maniobras de Florentino Pérez de una parte y la ansiedad demostrada por EDF son la clave de ese malestar. El gigante energético francés se ha lanzado desde hace días a la compra de 'opciones sobre acciones' de Iberdrola -también conocidas como derivados- hasta el punto de poder controlar ya más del 7% del capital de la sociedad española. Además, según las filtraciones que se han producido en las últimas horas, ACS y EDF tendrían ya sobre la mesa un detallado plan para repartirse los activos de Iberdrola.
Por si fuera poco, este asunto ha estallado en plena precampaña electoral y puede enturbiar el debate económico, que se ha convertido en una de las estrellas en la pugna entre socialistas y populares. Zapatero no quería esta historia en el escenario hasta después del 9 de marzo, ya que la españolidad de Iberdrola y el riesgo de que caiga en manos de una empresa pública francesa puede convertirse en un arma arrojadiza.
Hay numerosas dudas en torno a la operación. En el terreno económico y empresarial, una de las principales es saber hasta qué punto EDF está dispuesta a jugar un papel de mero comparsa o de socio minoritario en Iberdrola, sin comprometer el futuro desarrollo de la compañía e incluso sin forzar cambios en el equipo directivo. El Gobierno está muy cómodo con Sánchez Galán al frente de Iberdrola y muy satisfecho de los logros que ha conseguido con su gestión, hasta convertirla en la cuarta eléctrica del mundo. Nadie apuesta por una 'EDF domesticada' y todos los expertos coinciden en señalar que si la firma gala entra en el capital de Iberdrola es no sólo para quedarse sino también para mandar. El hecho de que ya se haya especulado sobre un hipotético troceo hace pensar que EDF está dispuesta a cualquier cosa excepto a hacer de comparsa.
Reacción oficial
El vicepresidente del Gobierno español, Pedro Solbes, ya mandó ayer la primera seña oficial de que al gabinete de Zapatero, al margen de cuestiones coyunturales, comienza a no gustarle la música de fondo. «No me agradaría que una iniciativa de este tipo condujera a diseccionar Iberdrola en diferentes empresas», dijo en referencia a los supuestos acuerdos entre ACS y EDF. En un mensaje directo al gobierno galo, Solbes recordó las recientes declaraciones de altos responsables de la Administración francesa, entre ellos el propio presidente Sarkozy, al advertir que se opondrían a una OPA hostil sobre la Société Générale, el banco afectado por unas pérdidas multimillonarias causadas por la especulación 'enloquecida' en el mercado financiero de uno de sus empleados.
Para intentar sacar del debate las cuestiones nacionales y no poner en guardia a la Unión Europea, Solbes negó que sus recelos provengan del hecho de que EDF sea una compañía extranjera. Ni siquiera porque el Estado francés controle más del 85% de su capital. «En España ya han entrado empresas eléctricas extranjeras y con capital público», dijo Solbes en referencia a la italiana Enel, accionista de referencia de Endesa.
A pesar del tono siempre conciliador del vicepresidente, lo cierto es que la procesión va por dentro. El titular de la cartera de Economía, que sería confirmado en el cargo en el caso de que Zapatero lidere el Gobierno que salga de las elecciones generales, no ha ocultado en alguno de sus entornos más próximos el temor a que se reproduzca un escenario muy similar al vivido en la pugna por Endesa.






