
BARCELONA 1 - VILLARREAL 0
Visto y no visto. El Barça se lució en una primera mitad que pasó como un tiro gracias al dinamismo azulgrana dirigido por un Messi celestial. Quizá arropados por la presencia de Ronaldinho en el banquillo o simplemente porque la Copa se atisba como la mejor opción para lograr un título esta temporada, los de Rijkaard atacaron a su rival con fiereza.
El Barça planteó el partido a lo grande, sin reticencias, y lanzó todo su arsenal. El equipo se despojó de su desidia para mostrar toda su agresividad. Messi iba a dirigir todos los movimientos. Su rapidez, su clase y su desborde maniataron a toda una defensa incapaz de frenarlo utilizando el juego limpio. Cygan encabezó los problemas defensivos amarillos con dos entradas sobre el argentino que le costaron la expulsión al filo del descanso.
Por entonces los locales ya lideraban el duelo. La primera falta de Cygan sobre Messi generó el gol tras un escorzo en el aire de Henry que remató en fuera de juego el centro de Deco. El tanto reflejaba la superioridad azulgrana ante un Villarreal desarbolado. El Barça había generado un sinfín de oportunidades que convirtieron a Diego López en el héroe visitante.
Penalti errado
Pero la necesidad apretó al Villarreal. La inferioridad numérica le mantuvo expectante. El cuadro levantino consiguió bajar el ritmo de un Barça relajado en exceso. Sólo Messi, capaz de deshacerse en un palmo de terreno de cinco defensas o realizar una mini-croqueta al estilo Laudrup, reavivaba el ímpetu local. Pero el duelo languidecía con un Villarreal conformista y un Barça con la reductora. Un gol bien anulado a Henry por fuera de juego precedió a un error de Mejuto al pitar un inexistente penalti de Diego López a Bojan. Esta vez el portero hizo justicia deteniendo el lanzamiento de Messi justo después de que Ronaldinho volviese a un terreno de juego ante la algarabía general.
El Camp Nou vivió el tramo final con la incógnita del resultado por culpa de la falta de contundencia de su equipo. Su escasa pegada alargó la incertidumbre local ante un Villarreal incapaz de disparar ni una sola vez entre los palos de Valdés.






