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ATHLETIC
La ilusión no fue suficiente
Al Athletic le faltó solidez y fiabilidad para aprovechar el lujo de haber enjugado la ventaja del Racing en 24 minutos
01.02.08 -

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La ilusión no fue suficiente
ESPERANZA. Susaeta hace soñar otra vez a 'La Catedral' con el tres a uno sólo dos minutos más tarde que el primer tanto del Racing.
La pena fue mayor, pues se crearon las esperanzas que no había y éstas se acabaron por desvanecer en una segunda parte decepcionante. Son cosas que suceden en la Copa, que te da vida o te hace sufrir. De ahí su grandeza. De ahí también que se la añore tanto en Bilbao, donde habrá que seguir esperando para volver a levantarla. Al menos, un año más. El problema es que ya son 24 viéndola pasar la Copa de largo y resulta imposible sustraerse a una cierta impaciencia. Al Athletic no le valió ayer la presión de unas gradas entregadas, sedientas de de una satisfacción, ni tampoco su gran efectividad de cara al gol, que llegó a su cota máxima durante la primera parte: dos disparos a puerta y dos goles. Al final, el Racing acabó demostrando que es un equipo más hecho y sólido, se sobrepuso a la adversidad, empató sobre la bocina y se llevó la eliminatoria. Vistos los dos partidos hay que decir que con toda justicia.

El Athletic lo intentó y su orgullo quedo intacto. Y en este caso cuando se dice el Athletic no hay que pensar exclusivamente en el equipo de Joaquín Caparrós. La escenificación del sueño de la remontada había sido perfecta. Sobre los rescoldos del tremendo chasco de El Sardinero, de ese 2-0 matador y al final insuperable, había que crear una ilusión, aunque fuera lejana o un poco disparatada. Y es que el fútbol vive de ilusiones; de verlas morir para crear otras nuevas de inmediato. Pues bien, a base de grandes titulares, recuerdos inflamados y apelaciones a la épica se consiguió el ambiente propicio. Como en sus mejores días, San Mamés se puso ayer las pinturas de guerra en un intento de incendiar a la tropa local y atemorizar al Racing, que no se había visto en otra igual, a un palmo de las semifinales de Copa.

Una cierta extrañeza

La estrategia de intimidación pareció surtir efecto durante la primera parte. El equipo de Marcelino jugó encogido por el miedo escénico. Sólo Colsa tuvo arrestos. Así se explica que se fuera al descanso con la ventaja perdida ante un Athletic corajudo que encontró lo que buscaba de un modo inesperado: por la vía de la eficacia total. Su fútbol de patadones y dejadas era tan plano que, a pesar de la enorme descarga de adrenalina de sus jugadores, ni siquiera servía para inquietar a Coltorti. De hecho, durante el primer cuarto de hora el Athletic no tiró un sola vez a portería. Pero se llegó al minuto 18 y el marcador se abrió en una jugada a balón parado. Amorebieta siempre tendrá que agradecerle a Yeste su primer gol como jugador del Athletic.

El 1-0 dejó en el aire un frenesí. San Mamés tiraba de los suyos y, apenas seis minutos después, un penalti sobre Llorente, transformado por Iñaki Muñoz en dos ocasiones -Rubinos Pérez comenzaba a demostrar su reconocida incapacidad- significaba el 2-0. La eliminatoria estaba igualada en apenas 24 minutos, lo que provocaba una cierta incredulidad. Había sido tan fácil, se había necesitado tan poco para remontar que todo resultaba un poco extraño. Pero el decorado era perfecto. Había tiempo para serenarse, para recomponer el juego sin tantas urgencias e intentar así, evitando los errores, sacar el billete para las semifinales.

Errores vitales

No pudo ser. Por desgracia, en la segunda mitad apareció el Athletic inconsistente de la Liga. Un despiste le costó el 2-1, obra de Duscher, y pese a la entereza y la casta que demostró el equipo para lograr el 3-1 en un suspiro, el mal estaba hecho. El cuarto tanto ya no fue posible. Podía haber llegado si Rubinos Pérez no se hubiera negado a pitar -es evidente que lo vio- un penalti de libro sobre Gabilondo. Quizás es que todavía dudaba si había sido el que pitó a Llorente o si Susaeta se encontraba en fuera de juego en la jugada del 3-1. Vamos, que hizo lo que hacen los malos árbitros: dudar y acumular confusiones.

En lugar del 4-1 lo que llegaron fueron dos goles del Racing, que se fue entonando hasta acabar sacando pecho. El 3-2, ya letal, fue una demostración de que el Athletic no tiene ninguna fiabilidad. La falta estúpida que hizo Aitor Ocio -¿menos mal que es el veterano y gran capo de la defensa!- cuando el balón ya estaba ganado no la hace un equipo fiable. Como tampoco un equipo solvente se traga una jugada ensayada permitiendo que un angelito de casi dos metros como Navas haga una dejadita de cabeza solo en el área pequeña. Son cosas que le ocurren al Athletic, que ahora ya podrá poner los cinco sentidos en la Liga. Falta le hará.
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