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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 11 febrero 2012

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ÁLAVA
Los jueces ordenan cada año el ingreso de 30 menores delincuentes en centros de Álava
La mayoría de ellos permanece interno una media de diez meses tras haber cometido delitos como robos con fuerza o intimidación, amenazas o malos tratos a sus familiares

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No han cumplido aún la mayoría de edad y ya se han visto obligados a responder ante la Justicia. El Juzgado de Menores de Vitoria dictó el pasado año un centenar de sanciones y castigos reeducativos a adolescentes de entre 14 y 17 años por robar, amenazar o maltratar a sus padres. En algunos casos, las faltas o delitos cometidos se saldaron «vía conciliación» entre víctima y delincuente; en otros, los menores infractores fueron obligados a prestar trabajos en beneficio de la comunidad y, en los más graves -seis en total- el juez ordenó su internamiento en uno de los tres centros de menores que el Departamento vasco de Justicia, Empleo y Seguridad Social gestiona en Álava.

Ubicados en Aramaio, Andollu y Landa -este último echó a andar el pasado verano- estos complejos de internamiento acogen cada año a cerca de una treintena de menores alaveses, guipuzcoanos y vizcaínos que buscan una oportunidad, quizá la última, para rehacer su vida. Atrás dejan un proceso judicial que, tras la pertinente denuncia, termina en manos de la Fiscalía de Menores. Después, en juicio, y en la imposición de algún tipo de «medida» condenatoria que se adopta, siempre, en función de las necesidades educativas del menor.

La más severa es el internamiento durante una media de diez meses en uno de estos centros de rehabilitación. La mayoría de los adolescentes que ingresan en ellos lo hacen después de haber cometido robos con fuerza o intimidación, amenazas o agresiones en su entorno familiar. Son, en su mayoría, chicos de entre 16 y 17 años, nacidos en Euskadi y adictos al alcohol y a las drogas. En los últimos años, en cambio, educadores, policías y jueces están detectando un nuevo perfil de chaval conflictivo: el de un menor extranjero no acompañado, sin papeles, al que, a priori, no le queda otra salida que delinquir para sobrevivir.

Adquirir responsabilidad

En Andollu -con capacidad para siete chicas-, Landa y Aramaio -ahora en obras y reservado al internamiento de fines de semana- estos jóvenes tienen la oportunidad de reconducir sus vidas. Y, a ello se dedica, día tras día, una legión de maestros, psicólogos y educadores. Ellos son los encargados de que sus descarriados pupilos acudan a clase -dentro o fuera del centro, en función del régimen en el que están internos-, aprendan un oficio, se desenganchen de las drogas y adquieran responsabilidades de toda índole.

«Hay unos horarios y obligaciones que deben cumplir. Todos deben recoger su cuarto, se turnan para poner y recoger la mesa en el desayuno, la comida y la cena. Siempre que vuelven se les registra para comprobar que no entran drogas en el centro, practican deporte y participan en talleres educativos, formativos o psicológicos acordes a sus necesidades», explica Eduardo Cabrera.

El trabajo diario no es fácil, pero merece la pena. Y es que el 72% de los jóvenes que fueron condenados en 2007 por la comisión de algún tipo de falta o delito no ha vuelto a delinquir. «Además -asegura el director de Ejecución Penal del Gobierno vasco, Xabier Etxebarria- todos los estudios que se han hecho a este respecto destacan la mejoría que experimentan estos chicos desde el inicio hasta el final del proceso. Esto nos confirma que estamos haciendo un buen trabajo», se felicita.
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