
Los hombres de Caparrós jugaron en un ambiente hostil, sometido a mucha presión desde las gradas, como corresponde a una eliminatoria de Copa, pero hoy será el Racing el que tenga que soportar el empuje de San Mamés. Marcelino reconoció que el Sardinero fue una caldera, una olla a presión, pero subrayó el caballeresco comportamiento de su afición para remarcar que «no cayó ningún objeto en el campo». Justificó el amor incondicional que profesa su hinchada hacia los colores verde y blanco. «Si la gente apoya a su equipo incansablemente es lo normal», argumentó el preparador del conjunto cántabro, consciente de que «ocurrirá lo mismo» esta noche en Bilbao.
«Va a ser complicado»
Después de repasar lo ocurrido en el partido de ida, Marcelino calibró las posibilidades de su equipo de desintegrar el escudo protector de San Mamés y plantarse en las semifinales de Copa por primera vez en la historia del Racing. «Va a ser complicado. Si el Getafe fue capaz el año pasado de remontar un 5-2 contra todo un Barcelona... puede pasar cualquier cosa». En este sentido, reconoció que «vamos a tener que hacer un buen partido y sufrir bastante». Al margen de apelar al músculo y la presión para hacerse con la pelota y, por tanto, con el control del encuentro, los visitantes advierten de que no renunciarán al ataque.
El objetivo del Racing, en palabras de su entrenador, consiste en «marcar un gol porque eso les obligaría a ellos a meter cuatro». En principio, los cántabros vienen a Bilbao con la intención de pelear por cada centímetro del césped, pero la inercia del choque puede desequilibrar el dominio territorial. «Es difícil valorar si el paso atrás lo das tú o es el rival el que te obliga a ello», matizó el técnico asturiano. A renglón seguido, manifestó que no lo preocupaba lo más mínimo si Caparrós va a alinear uno o dos delanteros -«tienen un estilo definido y todos sabemos cuál es», en alusión a que los rojiblancos cultivan un fútbol muy defensivo a la caza de la eficacia- y dijo «no fiarse» de su rival. A pesar de la baja de Garay, aquejado de una gastroenteritis, Marcelino sentenció que «estamos a 90 minutos de hacer historia y vamos a intentar conseguirlo por todos los medios».








