
Estos datos preocupan a padres, educadores y médicos. Pero esa inquietud no aparece recogida en ninguna ley. De hecho, en la actualidad no hay ninguna normativa en España que regule la cantidad de kilos que un niño debe cargar para que su salud no termine por resentirse.
Mientras las instituciones y la comunidad educativa del país permanecen ajenas al problema, en otras latitudes de Europa ya se han puesto manos a la obra en busca de una solución. El Congreso italiano aprobó en octubre un proyecto de ley para que una comisión formada por científicos estudie el peso máximo que pueden transportar los escolares en sus mochilas. Como resultado, los petates de los estudiantes italianos no podrán superar el 15% del peso de su usuario.
La Administración gala pretende seguir esta línea después de que las asociaciones de padres franceses, por medio de movilizaciones, reclamaran una mayor protección de las espaldas de los más pequeños. El ministro de Educación del Gobierno Sarkozy, Xabier Darcos, ya ha prometido tomar medidas. Así que los niños galos irán a la escuela bastante más ligeros que nuestros estudiantes. Y es que en España «no se tiene previsto normativizar» este problema escolar, según reconocen fuentes de Educación.
Columnas desviadas
Esta decisión choca con los datos que se desprenden de varios estudios científicos. «El 70% de los adolescentes ha sufrido en algún momento dolor de espalda», asegura Mario Gestoso, director médico de la fundación Kovacs, especializada en el cuidado del dorso. Estos resultados se equiparan a los de las personas adultas, lo que hace saltar la alarma. Máxime si se tiene en cuenta que los chavales están en pleno proceso de desarrollo.
«No se trata de dar un mensaje dramático, pero sí sería conveniente prevenir. Es decir, esa dolencia se debe tratar a tiempo para que no se convierta en crónica. Una excesiva carga sobre un niño que aún no ha desarrollado del todo su musculatura puede generar molestias y también puede aumentar una desviación de columna previamente existente», apunta Gestoso. Es un asunto serio, porque el 80% de la población sufre de la espalda, la dolencia más incapacitante, y más del 2% del PIB se lo llevan los gastos sanitarios.
Es cierto que no se puede culpar sólo a la cantidad de material escolar que los niños deben trasladar de sus casas a las escuelas. Hay muchas más variables en juego: el tamaño del mobiliario en las aulas, la mala higiene postural de los jóvenes, el sedentarismo... «Tenemos que transmitir hábitos saludables para que no acaben con sus músculos y huesos machacados. Pero es cierto que esas mochilas llenas de libros y cuadernos suman un granito más. Por eso, los expertos recomendamos que su peso no supere el 10% del del crío. Nos hemos encontrado casos en los que sobrepasan el 30%, y eso genera estrés y contacturas musculares», explica el director médico de Kovacs.
Hay más factores a tener en cuenta. Por ejemplo, que cuanto más tiempo se tenga encima esa mochila, más graves serán las consecuencias. El niño sufrirá más dolor de espalda si tiene una débil complexión física. Un buen consejo para paliar los efectos de esta carga, señala el doctor, es «repartirla equitativamente entre los dos hombros, ya que esto permitirá al niño andar erguido, sin apoyarse ni balancearse».
Las alternativas
Muchos encontraron en la mochilas con ruedas su tabla de salvamento. Sin embargo, en la actualidad no convence ni a progenitores ni a expertos. Lo que parecía una alternativa para superar este problema ha resultado tener serias contraindicaciones, abriendo un debate sobre si es peor el remedio o la enfermedad. Los doctores afirman que «si el 'trolley' no se lleva de la manera adecuada, puede provocar otras lesiones en las articulaciones». Y la Federación de Padres y Madres de Centros Públicos de Vizcaya lleva el asunto aún más lejos. «Es más dañina que la mochila normal. Los chavales cargan todo el peso sobre un brazo y eso repercute en la columna vertebral», asegura su presidenta, Ana Izaguirre.
Para los progenitores y educadores, sólo hay un remedio: rebajar el peso de la maleta. En Italia se ha negociado con los editores de libros para aliviar la carga que soportan los chavales. Manuales de aprendizaje en forma de fascículos, papel de menor gramaje, mayor uso de los soportes informáticos, armarios en las aulas... Estas propuestas resultan atractivas para los padres porque saben que los libros se multiplican a medida de que su hijo va pasando de curso.
«El asunto se complica pasados los doce años porque tienen que llevar el material diario. Y, además, dos días a la semana tienen que cargar con la bolsa de gimnasia. Desde la Federación consideramos que se debería analizar el material escolar, porque no creemos que haga falta que lo lleven y traigan todo de nuevo a casa». Izaguirre reivindica también que haya «un material colectivo» en las aulas. Se trata de un problema social «serio», advierte, y la vía para suplir las carencias de hoy en día es que se «regule».
La era tecnológica
Los propios profesores se suman a estas demandas porque son conscientes de que esta cuestión afecta a todos. Ricardo Arana lleva muchos años impartiendo clases. Y él habla de una fase de transición. En la era de la tecnología digital se podría pensar que el papel tiene los días contados, pero esta teoría carece de validez en las aulas. «Desde hace seis años el volumen de libros va en aumento. Los niños cada vez transportan más material: ahora tienen que llevar 'cedés' y, como se da más importancia al tema lingüístico, sus mochilas se llenan con varios diccionarios. Además, ahora es todo más didáctico, así que a los libros de texto se añaden los de trabajo». No puede faltar el elemento estrella de todos los centros escolares: la agenda, que «pesa como un libro y cada vez ha adquirido más importancia».
Los propios docentes admiten que «el tamaño de algunos manuales es exagerado». Y parece que el paso al formato digital no llega nunca. «Algo se nos escapa, porque los porcentajes de adolescentes con la espalda dañada cada vez son más altos. Pero no podemos interferir. Estamos atados de pies y manos. Es algo que daña la lógica humana», confiesa Javier Santolaya desde Educación para la Salud del Ayuntamiento de Bilbao.
Mientras los trabajadores tienen sus espaldas protegidas por ley -la Unión Europea prohíbe que carguen con más de 25 kilos-, muchos críos se ven desamparados y obligados a levantar una 'piedra' de hasta diez kilos cada día.








