
Un quejido que resulta comprensible al coger su petate. «Es que me duele la espalda y los hombros», asegura Laura. Incluso para un adulto resulta molesto mantener la bolsa en alto durante unos minutos. Pero la madre de Laura tiene que hacer un esfuerzo todos los días y «llevar la mochila» de su hija. No se trata de un caso extremo. Como ella, millones de niños y progenitores se enfrentan a este problema cada mañana.
A Laura le acompaña de camino a clase su amiga Estíbaliz Sánchez. A pesar de su altura, la mochila también se le resiste. En su caso, con 40 kilos de peso tiene que alzar una 'mole' de seis (el 15% del suyo). Eso supone sobrepasar el 10% recomendado por los médicos. Y eso que «no carga con la mochila de gimnasia y la de la piscina porque entonces suman tres bolsas. Y si no lleva alguna, le ponen falta», esgrime su madre, Maite.
Por fichas
Todas las compañeras de Laura pasan el límite aconsejable: Janire Garcés, el 14,2%; Nerea Delgado, el 14,5%. Hay una excepción, la prima de Laura, que sólo carga en su mochila con tres kilos. Pero tiene truco. Nerea Negro va a un colegio distinto, donde emplean «un sistema de fichas. Es decir, sólo se lleva una parte del cuaderno para hacer los deberes en casa», revela su madre.
Esa es la protesta de todos los padres: «no pueden reducir el peso porque sus profesores les mandan llevar y traer todos los cuadernos de ejercicios». Y aún hay más obligaciones. Los diccionarios, la imprescindible agenda, las carpetas, el compás, el portafolios, las reglas «que apenas usamos», la flauta... Un suma y sigue que trasladan como bestias de carga de casa al colegio y de vuelta al hogar. ¿La letra, con hernias entra?








