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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 8 febrero 2012

Sociedad

SANITARIOS ESPAÑOLES EN PORTUGAL
Médicos de matrícula
Los 3.000 sanitarios españoles que trabajan en Portugal se sienten acosados por las autoridades, que les obligan a circular con placas del país vecino bajo amenaza de multa

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Médicos de matrícula
DOBLE NACIONALIDAD. Joaquín y su mujer llevan catorce años en Portugal.
Los sanitarios españoles que trabajan en Portugal se sienten «acosados» y «perseguidos» por los agentes de tráfico y la Brigada Fiscal. La 'caza de multas' de la que el colectivo asegura ser «víctima» desde hace seis meses por conducir vehículos con matrícula española ha generado tal malestar entre los trabajadores que los presidentes de ambos países se vieron obligados a tratar el tema en la cumbre hispano-lusa celebrada la semana pasada en Braga: José Sócrates y Rodríguez Zapatero se comprometieron a buscar una solución a los más de 3.000 profesionales de este sector afectados por el nuevo Impuesto de Vehículos (IAA). «No somos delincuentes», se defienden.

El problema afecta a todos los trabajadores residentes en Portugal, pero el caso de los sanitarios es «especialmente sangrante» porque los agentes de tráfico saben dónde trabajan y ponen los controles a la entrada y salida de los hospitales. «Vienen a por nosotros», denuncia Estefanía García, fisioterapeuta catalana afincada en el sur de Portugal. «Se supone que en Europa hay libre circulación de personas y vehículos, pero la realidad es muy diferente. Se trata de una medida recaudatoria», apostilla su compañera de profesión, Iria Viaño.

La ordenanza obliga a los españoles que cotizan en el país luso a llevar placas portuguesas. En cualquier caso, el problema no reside tanto en el cambio de matrícula como en el pago de las tasas exigidas para legalizar el vehículo, que suponen hasta el 60% del valor del turismo. «No estamos dispuestos a pagar tanto dinero por registrar un vehículo que ya hemos abonado en nuestro país de origen», explica el presidente de la Asociación de Profesionales de la Salud en Portugal (APSEP), Xoán Gómez. La mayor parte de los afectados son transfronterizos, españoles residentes a 60 kilómetros de la frontera, pero que trabajan en el país vecino.

El importe del impuesto varía en función de los años y la potencia del turismo. Eso sí, en el momento en el que los agentes dan el alto al vehículo, el propietario se ve envuelto en una madeja burocrática de la que es prácticamente imposible escapar. «Primero te quitan los 'papeles' del coche, te plantan la multa y después te dan dos días de plazo para ponerte al día. Si no lo haces, deportan el coche y adiós muy buenas», resume Gómez

El anuncio realizado por José Sócrates en el que se comprometía a cambiar la legislación para permitir que los españoles pudiesen circular libremente por Portugal ha sido «muy bien recibido» por los miembros de la APSEP, aunque reconocen que no las tienen todas consigo. Dos días después, tres españoles eran multados por no llevar placas lusas. «Vamos a esperar un tiempo razonable hasta que se apruebe el decreto ley, pero estaremos vigilantes», señaló Xoan Gómez en la clausura del primer congreso de la Asociación de Profesionales de la Salud en Portugal celebrado este fin de semana en la localidad de Luso.

Además de las multas de tráfico, la reunión sacó a la luz todos los problemas burocráticos a los que se enfrentan los sanitarios españoles que trabajan al otro lado de la frontera, sus preocupaciones, por qué se fueron, cómo viven... EL CORREO ha hablado con ellos.

MARIO RODRÍGUEZ

Médico (Pontevedra)

«Estás todo el camino en tensión»

El de Mario Rodríguez es un caso muy particular. Es peruano, vive en la localidad pontevedresa de Cangas do Morrazo y trabaja en Portugal, donde hace guardias en el hospital de Ponte de Lima como médico general. «Hago cien kilómetros y la verdad es que cada vez que cruzo la frontera o vuelvo para casa nunca estoy tranquilo. Siempre voy pensando 'hoy me van a parar'», reconoce el doctor Rodríguez.

-¿Cómo termina un médico peruano en Portugal?

-¿Pues casándome con una gallega! Cuando llegué de mi país me pasé un año y medio trabajando como peón porque no me homologaban el título. Cuando por fin logré todos los 'papeles' pensé en hacer la especialidad, pero lo dejé porque nació mi hijo. Y ahora estoy trabajando en Portugal porque me pagan bastante mejor.

IRIA VIAÑO

Fisioterapeuta (Santiago)

«Tendría que pagar 7.000 euros por un coche de tres años»

Iria Viaño es fisioterapeuta, pero parece abogada. Se ha aprendido la normativa del Impuesto de Automóviles al dedillo. Habla de tasas y recargos como una verdadera experta. «No me ha quedado más remedio», se justifica. Tiene un 'Toyota Corolla' de tres años por el que tendría que pagar 7.000 euros para matricularlo en Portugal. «Lo que está pasando es de locos, además de ilegal. No se puede aplicar un impuesto sobre otro impuesto. De hecho, la Unión Europea ha multado a Portugal por hacerlo, pero al Gobierno de Sócrates le compensa pagar la sanción y mantener las tasas», explica la sanitaria compostelana. La de Iria es la historia de cientos de jóvenes profesionales españoles que un buen día decidieron cruzar la frontera para encontrar trabajo en lo que habían estudiado. «Al final estoy más cerca que si trabajase en Madrid y tengo una calidad de vida que no podría llevar en Santiago», señala.

MIGUEL Y ERIKA

Cirujano y médico residente (Badajoz)

«Nos ofrecen mejores condiciones»

Miguel Ángel Fernández y Erika Delgado cruzan todos los días la frontera desde Badajoz para acudir a su puesto de trabajo en la zona más pobre de Portugal. Y aún así les compensa. Él es cirujano. Ella, médico residente de tercer año. «Somos extranjeros de ocho de la mañana hora portuguesa, a seis de la tarde hora española», bromean. Miguel Ángel hizo la especialidad en el país vecino, donde trabaja desde hace nueve años. «Me ofrecen mejores condiciones laborales», resume. Erika probablemente también se quede en Portugal. La mayoría de los sanitarios estarían encantados de volver, pero a día de hoy reconocen que no les compensa el traslado. «En España faltan especialistas, así que no entendemos por qué no nos facilitan el acceso a una plaza», se preguntan los médicos pacenses.

DINA TORRADO Y JOSÉ ROMERO

Médico y neumólogo (Sevilla)

«Llevo una bolsa de la playa para pasar por turista»

Dina y José son matrimonio y llevan varios años trabajando en el hospital de Portimao y Faro, localidad en la que viven de lunes a viernes. «El fin de semana volvemos a Sevilla», explican. Pese a que residen en el país luso entre semana, se niegan a matricular el coche en Portugal, porque les obligarían a cambiar el lugar de residencia y no están dispuestos a perder la asistencia sanitaria española. «Mi hijo necesita un tratamiento médico especial que recibe en Sevilla, así que no pienso trasladar mi residencia», comenta Dina, muy preocupada por el tema de las multas. «Yo suelo llevar en el coche una bolsa de la playa para que crean que soy turista, porque si no te comes la multa», reconoce.

ELOÍNA BRAVO Y RAMÓN AREAS

Médicos (Asturias y Galicia)

«Parecemos unos apestados»

Eloína es una de los cientos de conductores multados por llevar la matrícula española. «Fue horroroso. Además de tener que pagar 1.300 euros por un 'Renault Clio' de diez años me hicieron dar más vueltas que una peonza. De verdad que no se lo recomiendo a nadie. Vivimos en una incertidumbre total. Parecemos apestados», señala. «¿Dónde está la libre circulación de la que tanto se habla?», se pregunta su marido y también médico, Ramón Areas. Eloína mantiene que si continúa la 'caza', los hospitales portugueses se van a quedar sin profesionales. «¿Si la mitad somos españoles!», apostilla.

JOAQUÍN DE TORO

Médico (Málaga)

«Los pacientes te tratan de lo mejor»

Joaquín de Toro y su mujer llevan catorce años viviendo en Portugal y no tienen intención de regresar. «Es que no hay comparación. Aquí tienes una estabilidad y una consideración que no hay en España». Tanto es así, que hasta en las tarjetas de crédito aparece la palabra 'doctor' delante del nombre. «Resulta chocante», reconoce Joaquín, a quien hace unos años ofrecieron una plaza en Almería. «O me ofertan Málaga o ya no me muevo», se sincera.
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