
La desesperación se desataba muy poco después de que el cruce de Najl Oz se abriera por primera vez en cuatro días de embargo total para dejar llegar a la Franja el cargamento de gracia autorizado por Israel: cinco camiones con 700.000 litros de fuel, a los que se sumaría por la tarde una carga de medicamentos y otras tres cisternas de gas cocina. Recursos apenas para tres días. Lo justo para sacar momentáneamente a Gaza de la oscuridad y suavizar a tiempo las presiones de la comunidad internacional con vistas a la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, que al cierre de esta edición se celebraba aún en Nueva York. Una sesión de emergencia, solicitada por los países árabes, en la que una presumible resolución de condena a la actitud de Israel en esta crisis se daba prácticamente por fracasada aun antes del comienzo de la cita, habida cuenta del apoyo de EE UU a la delegación hebrea.
En concreto, el borrador presentado por Libia, que discutían los 15 embajadores, llamaba ayer a Israel a poner fin al bloqueo y asegurar «un acceso sin obstáculos para la asistencia humanitaria y el pueblo palestino», así como a «detener todas sus prácticas ilegales contra la población civil palestina».
Cinco cohetes
No obstante, en previsión de esta literatura, el mensaje-fuerza de Israel diseñado para el cónclave de Naciones Unidas estaba claro de antemano. «Hay que enfatizar el daño y el sufrimiento causado por el disparo incesante de cohetes Qassam», instruía el director general del Ministerio de Exteriores judío, Aaron Abramovich, a su delegación. El presidente Simon Peres se pronunciaría desde Jerusalén sobre la reunión emitiendo también su consigna: «La ecuación es simple, una vez que Hamás pare el lanzamiento de los malditos misiles, nuestras operaciones en la Franja pararán».
Ayer, al menos otros cinco cohetes Qassam caían en suelo israelí sin causar daños lanzados desde Gaza, donde los milicianos islamistas también volvieron a disparar, aunque sin hacer blanco, a los agricultores del vecino kibutz de Ein Hasholoshá, donde una bala de Hamás segó la pasada semana la vida del voluntario ecuatoriano Carlos Andrés Mosquera.
La sesión de la ONU se celebraba ayer precedida por las advertencias de la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, que tras una conversación telefónica con las autoridades hebreas, proclamaba que no permitiría una crisis humanitaria en la Franja. «Nadie quiere que la gente inocente de Gaza sufra», expuso para defender también que Israel se las tiene que ver con una situación «intolerable».







