El paseo Dolores Ibarruri y Urban-Galindo son los lugares predilectos de la juventud. Y el kalimotxo, su 'gasolina' nocturna. Los afectados se quejan del «ruido y las broncas» que generan algunos grupos al beber sin cesar, pero los destrozos no van a la zaga. «El mobiliario urbano acaba hecho polvo. ¡Y amanece todo sucio cada fin de semana!», protesta Asier Martín.
La incidencia del botellón, en cualquier caso, se suaviza por el precio asequible de las consumiciones. Si en Bilbao un cubata suele costar cinco euros como mínimo, en Barakaldo el precio baja hasta 3,50. Eso hace que en invierno «decaiga bastante» el número de aficionados a disfrutar de los 'litros' al aire libre.








