
Hace casi cuatro años, Pistorius fue campeón paralímpico en Atenas 2004. Luego batió los récords mundiales de 100, 200 y 400. El guepardo de carbono. Así se llaman sus piernas de 'cyborg': 'Cheetahs'. Felinos mecánicos con forma de ele. Muelles. Las únicas piernas de las que tiene memoria.
Ese éxito en los Paralímpicos de Atenas no le frenó. No es fácil parar a alguien capaz de andar sin piernas. Era un adolescente y soñaba. «No me gusta aparcar en las plazas para minusválidos. Una señora mayor puede necesitarla más que yo», dice. Prefiere buscar un sitio para conductores con dos piernas. Igual que en la pista. Tras Atenas aceleró: tiene un registro de 46,34 segundos en 400 metros, a un segundo de la mínima para Pekín, a menos de tres (treinta metros) de Jeremy Wariner, actual campeón del mundo. Con ese tiempo buscaba un salto hacia China. Será al vacío. La IAAF no lo permitirá.
La Federación instaló su quirófano en la Universidad de Colonia. En noviembre. Juntó a Pistorius con seis atletas de similar nivel, aunque con piernas. Les rodeó con 16 cámaras, cuatro de ellas de alta velocidad. Les cosió a tests: de esfuerzo, de consumo de oxígeno, de lactato... Los especialistas descubrieron que el atleta sudafricano gastaba menos energía (25%), que era el único que iba a más en las carreras de 400, la prueba más agónica. Los cirujanos de la biomecánica también subieron las dos prótesis a la camilla. Las compararon con las pantorrillas humanas, con los tobillos. Y vieron que el carbono es superior a la carne: tiene un rendimiento que dobla la eficacia de músculos y huesos. Así que la IAAF ha cogido una de sus normas, la que impide competir con ventajas mecánicas, y la ha convertido en el segundo bisturí que corta bajo las rodillas de Pistorius.
El actor Tom Hanks, el atleta incombustible de 'Forrets Gump', andaba ya con un guión para meter en la pantalla la vida de Pistorius. De un chaval guapo, de ojos verdes, de pies de carbono, víctima de burlas infantiles, fanático del rugby e hijo del propietario de una mina de sal. Niño rico y amputado. Empecinado. En su país es un reclamo publicitario de Visa, Honda, Nike y Oakley. Allí le llaman 'Sea Biscuit', en memoria de aquel legendario caballo de carreras que siempre empezaba el último y luego ganaba. Héroe. La gente la adora. Le sigue, como a 'Forrets Gump'.
Hace cuatro años falleció su madre. De ella guarda la mejor herencia. Una carta que escribió cuando a su bebé le acababan de serrar las rodillas. La guardó hasta que el niño aprendió a leer. Así dice: «Un perdedor no es quien llega el último, sino el que se sienta y mira, y nunca ha intentado correr». La IAAF, con un contundente estudio científico, ha segado la biografía de Pistorius. Es la segunda vez que le pasa. Sabe arreglarse: de la primera amputación salió andando. Ya ha dicho que recurrirá el veto: «Minusválido significa para mí que hay algo que yo no puedo hacer. Y no hay nada que yo no pueda hacer».







