
CRONOLOGÍA DE UN CRIMEN
Según la investigación de la Guardia Civil y la confesión del presunto homicida, que luego se retractó, el enfrentamiento entre ambos bandos había llegado a tal punto que aquel día reventó y empezó a «dar vueltas a la cabeza». Fue a esperarle a la angosta carretera de montaña que une el pueblo con Majones y colocó unas piedras en mitad de la calzada a modo de emboscada. Alrededor de las 22.30 de la noche de aquel viernes, Grima, que regresaba de una reunión con otros alcaldes de la comarca oscense de Jacetania, se apeó de su 'Mercedes 1900' verde para retirar la barricada. Cuando se giró para volver al coche, fue abatido por la espalda.
Su cadáver se arrojó por el barranco, pero quedó enganchado en la maleza y fue localizado al día siguiente. Según esta versión, Mainar llevó el 'Mercedes' de la víctima hasta Berdún, donde lo abandonó junto a una ermita, y después fue caminando monte a través en plena noche durante seis horas de regreso a su casa. Los relojes de los fagotanos se pararon en aquel momento.
El cartel de «Fago no es Nueva York» que colocaron los dueños del bar para protestar por el elevado impuesto que les pedía el alcalde por la terraza, permanece aún colgado en una pared de la plaza mayor. «Dicen que está tan agarrado que si lo quitan se les desconcha la pared».
Con apenas 15 vecinos, Fago es hoy un pueblo fantasma. Jorge y otros antiguos ganaderos solitarios dedican las horas a «comer, dormir y ver la televisión». Apenas hablan entre ellos. En el tablón de anuncios, sólo hay bandos firmados por Grima, el último con fecha de julio de 2006. El nuevo alcalde, Enrique Barcos, mano derecha de Miguel, electricista de profesión, fue el único candidato -se presentó por el PAR (Partido Aragonés)- en las elecciones del pasado 28 de mayo y obtuvo 16 votos a favor en un censo de 31 electores.
El conocido como 'grupo opositor', los amigos de Mainar, se abstuvieron a sabiendas de que eran minoritarios y nunca ganarían. El día en que Barcos sustituyó al alcalde asesinado, apareció en el Ayuntamiento con la cabeza cubierta por una braga militar oscura para evitar ser retratado por las cámaras. Devoto de Grima, del que hablaba con admiración, el nuevo regidor es un hombre de pocas palabras. Hay quien asegura en la comarca de la Jacetania que nunca le ha oído hablar.
Ganaderos
Al cumplirse el primer aniversario del crimen de Fago, el pueblo, enclavado en el Pirineo de Huesca, a 888 metros de altura en pleno valle de Ansó, ha vuelto a ser tomado por periodistas. Hay más informadores que habitantes -unos 15-, y su interés contrasta con el mutismo de los vecinos. Las casas de piedra con tejados verdes permanecen cerradas a cal y canto, igual que el único bar y las dos casas rurales, una propiedad de la familia de la víctima, casa Antoñiales, y la otra del presunto homicida, Casa Tadeguaz.
«No nos interesa hablar. Estamos desolados con lo de Miguel, pero... ¿No es más interesante que los medios se preocupen de las elecciones americanas?», propone con retintín un arquitecto holandés, casado con una traductora vasca, una de las pocas parejas jóvenes del pueblo, padres de las dos únicas niñas. Ambos hacen diseños de casas y traducciones a través de Internet, uno de los logros que consiguió Grima en Fago, la posibilidad de navegar gratis con el wi fi rural.
«No supo dónde había ido a parar, no asumió que estaba en un pueblo de ganaderos, y les convirtió junto con los cazadores en enemigos a batir», cree Enrique Ipas, ex alcalde de Ansó, localidad cabecera de la comarca, que estuvo con Grima momentos antes de ser asesinado en una reunión de la Mancomunidad, donde se trató de los presupuestos del próximo año. «Era muy vehemente, demasiado. Algunos vecinos, entre ellos Santiago Mainar, venían donde mí llorando pidiéndome que pusiera paz en el pueblo».
Enrique ha llegado a pensar que Mainar se sentía responsable de haber traído a Grima a Fago, incluso de haberle buscado una casa. Ambos emigraron desde Zaragoza hace unos 20 años al Pirineo. «Le mostró el paraíso, pero él pensaba que no había sabido apreciarlo. Él le llevó y luego le echó».
Testigo-coartada
Ahora, ninguno de los dos está ya en Fago, pero el pueblo sigue dividido. Miguel Grima está enterrado en un panteón familiar en Sabiñánigo. Su viuda, Celi, contesta al otro lado del teléfono: «No quiero medios de comunicación en mi vida, soy una persona anónima. No tengo a Miguel, y eso es lo único que me importa, por culpa de un perturbado, un psicópata». Santiago Mainar permanece encarcelado en la prisión de Zuera, en Zaragoza, desde el pasado 4 de febrero después de ser detenido por la Guardia Civil y de que se confesara único autor del homicidio. Pero se retractó y alegó que intentaba «quitar presión al pueblo».
En su contra existen pruebas de ADN encontrado en el volante y el freno de mano del coche de la víctima. Sin embargo, también hay lagunas. Nunca llegó a aparecer el arma con el que supuestamente disparó por la espalda a Grima, y un testigo, un psiquiatra guipuzcoano, que tiene una casa en Fago y se dedica a organizar rutas de montaña, le brinda una coartada. Según este hombre, aquella noche se encontró en la carretera Majones-Fago con el supuesto asesino, que estaba junto al coche de Grima. Pues bien, sostiene que la persona a la que preguntó si pasaba algo, que llevaba un casco con una luz que le deslumbró, no era Santiago Mainar, al que conocía desde hace años.
Todas las partes esperan ahora a que se celebre el juicio con jurado popular, como quería la familia de la víctima, en la Audiencia de Huesca, probablemente el próximo mes de mayo. Han cambiado el juez instructor y el abogado defensor, que ha pasado a ser el mediático Marcos García Montes. El crimen de Fago sigue alimentando el morbo. Una cadena de televisión está preparando una serie de tres capítulos, al estilo de 'Desaparecida', sobre el caso. Ya se han elegido a los actores protagonistas y grabado imágenes en el valle de Ansó, aunque para rodar reconstruirán el pueblo de Fago en cartón-piedra.








