
La solicitud del PP fue rechazara por la Diputación Permanente del Congreso, donde el portavoz del Grupo Popular, Eduardo Zaplana, insistió en que «todo el mundo sabe» que ambas formaciones mantienen una «conexión desde siempre» con ETA. ANV y EHAK, añadió, son el «complemento político» de la organización terrorista una vez ilegalizada Batasuna.
El representante del primer partido de la oposición reprochó a los socialistas que se nieguen ahora a dar el paso de pedir la ilegalización, dado que se mostró convencido de que lo harán «dos semanas antes de las elecciones» y con el Congreso cerrado, puesto que será disuelto este lunes. En su opinión, este proceder demostrará que el Gobierno y el PSOE utilizan la lucha antiterrorista con «fines electoralistas».
El portavoz parlamentario del PSOE, Diego López Garrido, replicó que solicitar la ilegalización de un partido es un asunto «legal». Según el diputado socialista, el PP pasó por alto ese detalle ya que «no ha utilizado un solo argumento jurídico» para reclamarla. López Garrido garantizó que el Gobierno se moverá una vez que terminen las investigaciones abiertas por el juez Baltasar Garzón y la Fiscalía General del Estado.
Polémica
La última reunión de la Diputación Permanente del Congreso fue una síntesis de la legislatura en todos sus extremos, hasta en las broncas. La trifulca se organizó cuando el portavoz de Esquerra Republicana, Joan Tardá , sostuvo que el PP «no tiene ninguna credibilidad moral» para pedir la ilegalización de ANV y EHAK cuando tiene un presidente de honor, Manuel Fraga, «manchado de sangre» por su pasado franquista.
La respuesta desde los escaños populares fue instantánea. «Intolerable», «payaso», «que lo retire», gritaron desde los asientos de la oposición. Tardá, impertérrito, prosiguió: «Mientras dure su raca-raca durará el mío; duele, pero lo van a oír».
Zaplana, exigió la retirada de «las despreciables» palabras del diputado republicano. El dirigente opositor subrayó que Fraga contribuyó a la recuperación de la democracia y que, gracias a ello, el portavoz de ERC puede expresar «sus ideas totalitarias y fascistas» que «merecen el mayor de los desprecios». Tardá, que en otro momento de su intervención había expresado su «solidaridad» con la izquierda abertzale, replicó para ratificarse en lo dicho y agregar que Zaplana podía decir «lo que quiera» porque no le importaba «lo más mínimo».






