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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

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Uribe invita a las FARC a emprender una negociación «sencilla, ágil y de buena fe»
El presidente colombiano ofrece de nuevo a la guerrilla una «zona de encuentro» para liberar al resto de secuestrados y avanzar hacia la paz Chávez exige que se reconozca que los insurgentes no son terroristas
12.01.08 -

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Uribe invita a las FARC a emprender una negociación «sencilla, ágil y de buena fe»
AFECTO. Clara Rojas recibe un beso en la frente del presidente Chavéz en el Palacio de Miraflores después de ser liberada por las FARC. / REUTERS
En medio de la resaca tras la liberación de Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo, varios sectores de la sociedad colombiana han asegurado que el gesto de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) parece adelantar otras liberaciones, pero no tienen tan claro que sea un primer paso para la paz. Todos coinciden, no obstante, en que se deben tomar medidas para que los 774 secuestrados, de ellos 44 de los llamados 'canjeables', en poder de la guerrilla, sean puestos en libertad lo antes posible.

Algunos criticaron al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, por acaparar los primeros momentos de la liberación de las políticas colombianas, pero hasta su colega Álvaro Uribe le agradeció su papel en el proceso al tiempo que invitó a las FARC a una negociación «sencilla, ágil y de buena fe». El semblante del primer mandatario colombiano estaba un tanto crispado mientras reconocía el logro de su homólogo venezolano, aunque repartió las felicitaciones por la responsabilidad en el éxito a otros países y organizaciones, especialmente a Cuba y a su convaleciente y veterano presidente, Fidel Castro.

La relación entre Chávez y Uribe era muy tirante aun antes de que el segundo cancelara de un plumazo la mediación del líder bolivariano ante las FARC. Las declaraciones subidas de tono, acusaciones y denuncias mutuas han estado a la orden del día, así como los ofrecimientos de Chávez para ir a la selva a reunirse con Manuel Marulanda, el máximo jefe de la guerrilla que tiene en jaque al país sudamericano desde hace más de cuarenta años.

Cita con Marulanda

«Yo me monto en uno de esos helicópteros y en tres horas estoy hablando con Marulanda. Permítalo (a Uribe), vamos a buscar la vida», dijo el dirigente venezolano mientras contemplaba por televisión la llegada de las aeronaves que transportaban a las dos rehenes hacia la libertad.

Poco después, Chávez bajó el tono y ofreció despejar parte del territorio de Venezuela para realizar allí un posible encuentro con las FARC. Desde Bogotá, también se suavizaron las intervenciones. Pero ayer, el líder chavista volvió a armarla: puso como condición para recomponer las relaciones bilaterales, congeladas desde noviembre tras su cese como mediador, que Bogotá y otros gobiernos reconozcan que las FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la otra guerrilla colombiana, no son grupos terroristas. «Son verdaderos ejércitos, son fuerzas insurgentes que tienen un proyecto político, que tienen un proyecto bolivariano que aquí es respetado», enfatizó ante el Parlamento venezolano.

La respuesta del Ejecutivo colombiano vecino fue inmediata y contundente. «No podemos admitirlo», tronó el ministro colombiano del Interior, Carlos Holguín, tras definir la postura chavista como «actitud insólita y desproporcionada». Según Holguín, «la condición de terroristas» de esos grupos se da no por lo que dicen, sino «por los hechos que cometen».

El acto de entrega de las rehenes, en medio de la jungla colombiana, sí demostró que los rebeldes integran una fuerza militarizada, muy bien pertrechada, con armas y uniformes reglamentarios. No obstante, fue más sorprendente contemplar los abrazos y afectuosos apretones de manos intercambiados con quienes durante más de seis años fueron sus prisioneras, tal vez por aquello del 'síndrome de Estocolmo', y con otros delegados presentes en la entrega.

En cualquier caso, la liberación de Clara Rojas y Consuelo González, las dos primeras secuestradas políticas que unilateralmente entregan las FARC, clarifica algunos puntos sobre los que los debates son interminables. Por una parte, demuestra que la mediación internacional sin despliegue mediático ni amplias y variopintas delegaciones -como ocurrió en la fallida operación de diciembre- puede ofrecer muy buenos resultados. También, que pese a la insistencia de la guerrilla para que se determine el despeje de una zona con el fin de negociar el acuerdo humanitario, no es imprescindible como quedó reflejado en el rescate de las mujeres, al mismo tiempo que confirmó que no pasa nada si los militares paralizan momentáneamente sus operativos.

Comunicado rebelde

Ayer, la guerrilla difundió un comunicado en el que sostenía que la liberación era un «primer paso esperanzador que invita a pensar en la posibilidad de la paz en Colombia», pese «a las intensas operaciones bélicas del 'Plan Patriota', de la incautación de las pruebas de supervivencia, de la captura de los correos que las portaban, del secuestro del pequeño Emmanuel en Bogotá, y de la absurda pretensión de excluir de la facilitación a la comisión humanitaria internacional».

Precisamente la noche del jueves, Uribe insistió en la propuesta de su Gobierno de fijar una «zona de encuentro» promovida por la Iglesia católica para hablar del acuerdo humanitario -una opción que rechazó durante su primer mandato-. «Aspiramos a avanzar en el proceso que conduzca a la liberación de los secuestrados», expresó el mandatario.

El gobernante leyó los nombres de los 33 soldados y policías, los tres estadounidenses y los ocho políticos en poder de las FARC, algunos desde hace más de diez años. De algunos de ellos, ocho, según Rojas, acaban de tener nuevas pruebas de vida. «Nos duele la suerte de estos secuestrados», proclamó Uribe después de recordar las muertes de otros cautivos como los once diputados y otros políticos.

De todas formas, la conclusión más importante, tal vez la principal, que se puede extraer del gesto de la guerrilla es que la suerte de los secuestrados depende realmente de la voluntad de las FARC para negociar o aceptar más liberaciones. En eso la presión internacional si puede funcionar, porque resulta más difícil darle la espalda a un numeroso grupo de países que al Gobierno nacional, con el que llevan años de guerra abierta.
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