
LAS FRASES
El acuerdo ha tardado en llegar. Exactamente, un año y once días. El tiempo que ha durado el desencuentro entre PNV y EA en torno a la reforma del Impuesto de Sociedades de Guipúzcoa. La posible revocación del decreto por parte de los tribunales ha acelerado la capacidad de entendimiento entre ambos partidos. Si un tribunal declarara ilegal esa norma, las empresas tendrían que tributar en 2007 al 32,6%, el peor escenario posible. Eso sin mencionar las graves consecuencias políticas que tendría la revocación.
El pacto entre PNV y EA se fraguó el viernes de la semana pasada en Sabin Etxea, en una reunión al máximo nivel que mantuvieron las ejecutivas de ambas formaciones. Por parte de los jeltzales acudieron el presidente del EBB, Iñigo Urkullu, el del GBB, Joseba Egibar, y el burukide José María Zalbidegoitia. En representación de EA estaban su presidente, Unai Ziarreta, el consejero Joseba Azkarraga, y el presidente de EA en Guipúzcoa, Iñaki Galdos.
El resultado final de este contencioso ha sido duramente criticado por el PSE y el PP, que acusaron ayer de incoherente a la formación de Galdos, quien había asegurado que apoyaría «cualquier iniciativa» de las Juntas contra el decreto.
Tres compromisos
El acuerdo con el PNV que ayer presentó EA tras votar en contra del recurso recoge tres compromisos no demasiado concretos: el diputado general y el PNV se comprometen a «no utilizar en adelante la figura excepcional del decreto foral-norma para resolver la desarmonización fiscal», así como a pactar una reforma integral del Impuesto de Sociedades, y a «analizar y promover las fórmulas de reforma que sean necesarias para poder llevar a buen término los compromisos alcanzados».
La reforma de 2008 se presenta completamente necesaria, ya que tras la derogación del decreto el pasado jueves, en Guipúzcoa vuelve a estar vigente este año el tipo del 32,6% y, por tanto, vuelve la desarmonización con Álava y Vizcaya, donde las empresas tributan al 28%.
Por otro lado, la decisión de Ezker Batua de no apoyar el recurso contra el decreto ha hecho aflorar un profundo malestar de un sector del partido en Guipúzcoa, que ha expresado su «indignación» por el «grave y permanente seguidismo del PNV que está hipotecando» la imagen de la formación.






