Otros, sin embargo, sí habían mostrado su malestar. «La Ertzaintza solía venir por las noches porque aparcaban en doble fila», reconocía Begoña Salazar. Su hija Jessica no ocultaba el estupor tras conocer la noticia. «¿Cómo la gente puede hacer eso! Y encima habrá sido un juego para ellos», se lamentaba antes de exigir que les caiga todo el peso de la ley «a los que le pegaron y también a los que lo grabaron».
Muchos eran, en cualquier caso, los que no sabían nada de lo sucedido. Entre ellos Antonio Gutiérrez, que se quedó «de piedra». «Del barrio no son, eso seguro, porque nadie de aquí puede hacer algo así», reivindicó.








