
LA AUTORA
La primera frase de la novela da cuenta de la muerte de Laura Bellido, la persona sobre la que gira la trama. «Arquitecta de éxito, con un marido encantador y que la ama, con un niño sin problemas, con una buena casa...», describe la autora, para quien la historia de Laura confirma que «la realidad es mucho más compleja de lo que se ve; es poliédrica, como todos nosotros, de ahí que sólo podamos acercarnos a ella desde distintas posiciones y testimonios».
Dominación
Gina, una amiga de la muerta, investigadora especializada en campos de esclavos y mecanismos de dominación física y psicológica, irá recogiendo las voces de quienes conocieron a Laura para juntar todas las piezas del espejo roto.
«Parece un 'thriller'; la gente me dice que no ha podido soltar el libro en toda la noche. No quería entregarle la historia al lector desde el principio, sino ir dándole las piezas», explica Lienas. Su objetivo era construir una novela de entretenimiento pero también una manera de «abrir los ojos» a una realidad que cada día aparece en los medios de comunicación. «Convertirse en víctima de la violencia de género no tiene nada que ver con el dinero, ni con los estudios, ni con el éxito. Es pertenecer a un grupo de riesgo o no. En ese grupo, y eso ocurre con todo tipo de violencia psicológica, alguien se cree superior».
La forma de cambiar algo que se da «desde el Neolítico» es «modificar la mentalidad de la gente; la única solución es que acabemos de convencernos de que nadie es superior a otro y eso sólo se logra mediante educación». Aunque leyes como la relativa a la llamada violencia de género son correctas, «una ley no cambia la mentalidad, actúa contra los hechos», sentencia la escritora catalana.
Gemma Lienas ya mostró su preocupación por la violencia de género en el libro juvenil 'El diario azul de Carlota' (El Aleph, 2006), en el que una adolescente cuenta con testimonios cercanos e información el tema. En él incluye también otros tipos de violencia psicológica que, insiste, tanto le preocupan, como la escolar y la infantil, que «funcionan con mecanismos similares: a partir de ideas que la tradición da por buenas, algunas personas se creen superiores a otras, y abusan de ellas».






