
Los buques de la Navy se dispusieron a abrir fuego, «en defensa propia», pero en el último instante las lanchas iraníes se dieron la vuelta, aunque arrojaron unas cajas blancas al agua que obligaron a los norteamericanos a realizar unas maniobras de evasión, siempre según fuentes del Pentágono.
El estrecho de Ormuz, lugar por el que circula la quinta parte del petróleo mundial y que une el golfo Pérsico con el mar de Omán, vuelve a ser escenario de conflicto. Si el pasado marzo fue noticia por la captura de quince soldados británicos a manos de patrulleras iraníes, esta vez la chispa ha estallado con Estados Unidos. El portavoz de la Casa Blanca, Gordon Johndroe, calificó de «provocación» el supuesto acoso a sus barcos de guerra y advirtió a Teherán de que «este tipo de acciones podrían conducir a un incidente peligroso en el futuro, ya que se trata de actos irresponsables, temerarios y potencialmente hostiles».
La indignación norteamericana contrasta con la tranquila reacción de la sociedad persa. Desde Teherán no se prestó especial atención a un suceso que calificaron como una «maniobra habitual y similar a lo ocurrido en casos anteriores». Los medios nacionales, como la cadena Press TV, le dieron la vuelta a la información de la cadena CNN e informaron de que «barcos estadounidenses estuvieron a punto de disparar contra patrulleras iraníes».
Escaso eco en Teherán
La opinión pública de la República Islámica permaneció más atenta a la confirmación de la llegada al país de Mohamed al-Baradei, máximo responsable de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), que a este encuentro en el Pérsico.
La pregunta que lanzaron desde Irán es el porqué del permanente tránsito de barcos de guerra estadounidenses por un punto tan cercano a sus costas -la anchura máxima del estrecho es de cien kilómetros- y donde frecuentemente, además, realizan maniobras de entrenamiento que desde Teherán son recibidas también como auténticas provocaciones.
El país persa enseñó músculo a la comunidad internacional el pasado marzo con la captura de quince marineros británicos. Aún nadie sabe si realmente se encontraban en aguas de Irán o internacionales. Fue el primer toque de atención de las patrulleras iraníes sobre un punto especialmente sensible para la estabilidad de la región y la economía mundial.
Tras conocerse el suceso -que se produce apenas unos días antes de que el presidente estadounidense, George W. Bush, inicie una gira por Oriente Próximo con el objetivo de «contrarrestar la influencia iraní» en la región- el precio del barril de petróleo se elevó 20 céntimos, superando los 66 euros por barril.






