La verdad histórica del GAL, sin embargo, no les importa lo más mínimo a los jefes de la banda. La ficción puede ser tan útil como la realidad. Lo único que pretenden con tanta insistencia es hacer creer a los suyos que el GAL es posible hoy en día porque el terrorismo contraterrorista resultó de máxima utilidad para ETA y su entorno. Le sirvió en su momento como factor de legitimación de su propio terrorismo, le ofreció una coartada ideológica para sus crímenes y fue un elemento de cohesión interna que aseguró un cierre de filas incondicional de su base social en torno a ETA y su violencia.
Ahora, esgrimiendo el espantajo del GAL, ETA busca mantener a sus seguidores encerrados en el gueto de respaldo a la violencia y persigue también justificar sus atentados, como el perpetrado contra la casa del pueblo de Balmaseda con el que parece abrir el camino a nuevos ataques contra los socialistas. Si existe la «guerra sucia», como dice ETA, volar una casa del pueblo y las viviendas de los vecinos se convierte, desde su punto de vista, en un acto de legítima defensa y no en un caso de terrorismo indiscriminado. La banda, al atacar al PSE, quiere provocar una quiebra entre la militancia de base y los dirigentes de este partido. Ataca a los afiliados de a pie, como ha ocurrido en Balmaseda, con la esperanza de que sean el eslabón más débil de la cadena, se sientan intimidados y, en consecuencia, presionen a sus jefes para que cedan ante las exigencias terroristas.
No es la primera vez que ETA emplea la violencia de esta manera: a mediados de los noventa, el entorno de la banda acosó a los batzokis del PNV -142 ataques en el trienio 95-97- para mantener a este partido presionado y obligarle a cambiar de estrategia política. Los ataques prácticamente desaparecieron en 1998 cuando el PNV firmó el pacto con ETA. La lógica etarra apunta a que si entonces la violencia fue eficaz, ahora también podría volver a serlo.
A fin de cuentas, ése es el esquema que los terroristas están dispuestos a aplicar contra las obras del Tren de Alta Velocidad: si la violencia paralizó Lemóniz y cambió la autovía del Leizaran, puede parar ahora la 'Y vasca'. Las concesiones del pasado, aunque sean parciales, alimentan el terrorismo presente.
f.dominguez@diario-elcorreo.com






