
El acto arrancó a las 11 de la mañana en la plaza de Colón y, según los organizadores, congregó a más de dos millones de personas. Ni el Ayuntamiento de Madrid ni la Delegación del Gobierno facilitaron datos sobre afluencia de público, pero fuentes independientes redujeron considerablemente el éxito de una convocatoria que respaldaron cuarenta cardenales y obispos, así como representantes de una treintena dde movimientos eclesiales. El 'Manifestómetro' (manifestometro.blogspot.com), web que se dedica a la medición de concentraciones, calculó sobre el terreno que como mucho 170.000 personas acudieron a la llamada de Rouco Varela.
Democracia amenazada
El mensaje más duro fue el del arzobispo de Valencia, cardenal Agustín García-Gasco. «La cultura del laicismo radical es un fraude y un engaño, no construye nada, sólo conduce a la desesperación por el camino del aborto, el 'divorcio exprés' y las ideologías que pretenden manipular la educación de los jóvenes. Por ese camino no se respeta la Constitución del 78 y nos dirigimos a la disolución de la democracia», sentenció. El prelado añadió que el Parlamento Europeo «debería tomar buena nota» de movilizaciones como la de ayer porque «son la expresión de la auténtica cultura europea».
Rouco Varela se refirió a la época actual como un tiempo en el que «se relativiza radicalmente la idea misma del matrimonio y la familia, y se fomentan desde las edades más tempranas prácticas y estilos de vida (...) opuestos al valor del amor indisoluble» entre hombre y mujer. Esta realidad, «opuesta al valor del amor indisoluble y al respeto incondicional a la vida de la persona desde el momento de su concepción hasta la muerte natural» está «posibilitada y favorecida jurídicamente por las leyes vigentes», aunque «ni las personas particulares (...) ni la autoridad del Estado pueden manipular a su gusto los orígenes, la naturaleza y las propiedades esenciales» de la familia y el matrimonio.
El obispo de Bilbao y presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, dijo que «el matrimonio y la familia son el centro neurálgico de la humanidad» y advirtió de que, «en medio de los llamados modelos de familia», la cristiana puede difuminarse. El cardenal arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, apuntó que la institución familiar ve sacudidos sus cimientos «por graves amenazas y legislaciones inicuas e injustas». Y Kiko Argüello, fundador del Camino Neocatecumenal, denunció que en toda Europa los Gobiernos «ateos y laicos» pretenden destruir a la familia.









