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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Mundo

LA CARRERA HACIA LA CASA BLANCA
La 'célula dormida' de la campaña
John Edwards, empatado con Hillary Clinton en Iowa, teje una estrategia que puede dar la campanada en la primera eliminatoria de la lucha entre los aspirantes a la candidatura demócrata
31.12.07 -

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La 'célula dormida' de la campaña
FIEL ALIADA. Edwards, acompañado de su esposa Elisabeth, ya recuperada de un cáncer. / REUTERS
«Hola. Me llamo Tim Robbins y estoy en Iowa porque, contrario a lo que está diciendo la prensa, estas elecciones no son entre dos personas. Hay un tercer candidato muy viable y se llama John Edwards. Él es el único que puede derrotar a los republicanos en las elecciones presidenciales». Así irrumpía en la campaña electoral el actor que representa a la izquierda estadounidense, en apoyo de un aspirante a la Casa Blanca que el próximo jueves puede dejar en la cuneta a los dos pesos pesados del Partido Demócrata, Hillary Clinton y Barack Obama.

«John Edwards estaba aquí mucho antes de que llegaran las cámaras y los focos», recuerda el actor a la audiencia. Y hasta Bill Clinton le da la razón después, en una entrevista concedida al programa de televisión de Charlie Rose. «Edwards puede ganar en Iowa», admitió el ex presidente al decir que la gente le está «subestimando». «Es muy bueno. Se ha ganado a pulso un enorme cuadro de apoyo en Iowa porque empezó a trabajárselo hace siete años».

Gracias a su temprano comienzo, el abogado sureño que presume de familia obrera encabezaba hasta octubre las encuestas del estado que abre la eliminatoria. Luego, Hillary le cogió la vez, y más tarde Obama sobrepasó a la ex primera dama, pero en muchas encuestas comparte empate técnico con Edwards. En la del periódico local 'The Quad City Times', publicada el pasado día 16, Edwards y Clinton están codo con codo con un 25%, a ocho puntos de Obama.

«He visitado los 99 condados de Iowa tantas que veces que, os lo juro, el otro día me paré en un crucé y pensé: 'Si alguien me pide indicaciones soy capaz de dárselas'», contó el ex senador sureño durante uno de sus mítines en Marshalltown. Esta ciudad de 26.000 habitantes es una gran urbe comparada con los pueblos de menos de 2.000 alos que Edwards ha acudido en los últimos años. Esos en los que otros candidatos no pierden el tiempo, porque, además de tener pocos votantes, el Iowa rural tiende a dejarse llevar por la apatía el día de las elecciones. Los mismos en los que se pueden obtener tantos delegados como las grandes ciudades debido a la adjudicación proporcional de delegados. Y esos en los que Edwards ha entrenado a sus asesores para que saquen a votar a los que nunca lo hacen.

El tirón de la sorpresa

El candidato al que la revista 'Newsweek' compara con una 'célula dormida' ha tejido cuidadosamente una estrategia electoral diseñada a dar el campanazo cuando menos se espera. Y nada genera más entusiasmo para arrasar en el resto de las primarias como una sorpresa en Iowa. Que se lo digan si no a John Kerry, que una semana antes de los 'caucus' de 2004 iba tercero en las encuestas y acabó convirtiéndose en el nominado. Edwards también saltó del cuarto puesto al segundo, y eso hizo que Kerry le ofreciese la vicepresidencia.

Se lo jugó todo a una carta. Mientras sus compañeros mantuvieron el escaño, Edwards se fue al paro al perder las elecciones frente a la pareja de George W. Bush y Dick Cheney. Días después, a su esposa Elizabeth le fue diagnosticado un cáncer. Lejos de hundirse con ese doble mazazo, el abogado de 54 años se arremangó la camisa y se dedicó en cuerpo y alma a acompañar a su mujer en el trance de la quimioterapia y a preparar su propia campaña, empezando por Iowa.

«Edwards ha estado aquí tantas veces que la gente lo conoce muy bien, se siente cómoda con él y le ven como un hombre cercano», explica la profesora de Política de la Universidad de Drakes Rachel Caufield. «Su campaña esta vez está mejor organizada. No me extrañaría que fuera el ganador», añade.

Fred Lembke, un vecino de Marshalltown que ha ido a verle por primera vez, votará por Edwards porque «es el único candidato demócrata que puede ganar la Casa Blanca», dice mientras sus vecinos afirman con la cabeza, como si hubiera dicho lo que todos estaban pensando. «Me duele decirlo, pero no creo que este país vaya a elegir a un negro o a una mujer. Es una realidad. Tenemos que pensar qué va a pasar cuando acaben las primarias y se tenga que enfrentar al republicano, con los estados del sur votando».

Y sobre todas las cosas, lo que los demócratas quieren es recuperar la Casa Blanca. Siete años de Bush en la Administración les ha convencido de que no hay «conservador compasivo», lema del actual presidente en las pasadas elecciones. «Yo voy a votar por Edwards -apunta Joyce Guckert-, pero apoyaré al que gane. Esta vez tenemos un buen abanico de candidatos».

El voto útil

El factor del voto útil se repite una y otra vez entre los seguidores del ex senador de Carolina del Sur. Ése puede ser también un instrumento negociador del candidato que pide ser la segunda opción de los que no haya logrado convencer.

En los 'caucus' demócratas de Iowa, a diferencia de los republicanos o de las primarias de otros estados como New Hampshire, el voto no es simple y directo. Quienes apoyan a un candidato tienen que reunir entre el 15% y el 20% de los asistentes para que sean contabilizados. De lo contrario tendrán que decantarse por alguno de los 'viables'.

En 2004, Edwards pactó con el congresista y candidato Dennis Kucinich la entrega de un delegado en la convención nacional si éste daba la consigna a sus colaboradores para que le apoyaran cuando no alcanzasen el porcentaje necesario. Esa decisión le impulsó sorpresivamente al segundo puesto y dañó especialmente al líder, Howard Dean, que quedó tercero y se hundió para siempre. Las expectativas cuentan, por eso Bill Clinton intenta rebajar las de su esposa.

Las negociaciones son secretas, pero es previsible que si Kucinich hipotecó su imagen con sus seguidores cuando Dean era el favorito de la izquierda a la que representa, no hará menos esta vez en la que Robbins, Susan Sarandon y Kevin Bacon, entre otros actores progresistas, le apoyan abiertamente. Y con cinco candidatos demócratas que reúnen menos del 10%, la segunda opción de sus seguidores puede dar un vuelco a las encuestas en la noche electoral.

Edwards cuenta también con que Clinton y Obama sigan atacándose la una al otro hasta provocar el hastío en los votantes y autodestruirse mutuamente. Entonces, él quedará como el chico bueno que promete devolverle el resplandor a la América que ha dañado Bush.

La música de Bruce Springsteen despide a Edwards en Marshalltown. «Vamos, América, dame la mano y levántate», canta 'el jefe'.
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