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VIZCAYA
Una fiesta mundial
Una docena de estudiantes de varios países comparte con sus familias de acogida vizcaínas su forma de celebrar la Navidad
28.12.07 -

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Una fiesta mundial
SARAO INTERCULTURAL. Antes de cenar, los jóvenes exhibieron bailes y costumbres navideñas de sus respectivos países. / FERNANDO GÓMEZ
Siree Singhadeja llegó en septiembre a Bilbao procedente de su Tailandia natal. Su nombre significa 'suerte' y ella, a sus 16 años, no duda en reconocer que le va como anillo al dedo. Esta joven forma parte de un grupo de doce chicos de distintas nacionalidades que, de la mano de la asociación AFS Euskal Interkultura, han tenido la oportunidad de viajar a Vizcaya para formarse este curso en un colegio del territorio. Cada uno se hospeda con una familia de acogida, y la última vez que se vieron fue cuando aterrizaron en el aeropuerto de Loiu. La entidad ha querido reunirles de nuevo para felicitarles la Navidad con una fiesta de lo más multicultural.

Las instrucciones del acto, que se celebró en el barrio de Sarriko, eran muy claras: cada joven debía llevar un plato típico de su país e interpretar alguna canción o baile propio de estas fechas. «Yo he traído mandarina con azúcar porque cocinar algo de allí es muy complicado», susurra Siree. Para esta adolescente, que en su casa estudia en un internado, la diferencia de culturas es muy grande, y en Navidad se nota aún más. «Allí, por ejemplo, no hay Reyes Magos porque somos budistas, y la gente de aquí es más simpática. Te dan besos al verte, cuando nosotros sólo juntamos las manos», comenta Siree, que aunque la comida no haya sido lo suyo, se prepara para sorprender a los asistentes con una danza tradicional tailandesa.

A un escaso metro de Siree, TC Edwards y Sam Reeves comparten experiencias de su primer viaje a España. Ambos, de 18 y 17 años, respectivamente, son estadounidenses y se muestran sorprendidos con los festejos navideños que se han encontrado aquí. «Todo el mundo está integrado en las fiestas y la comida es muchísimo más rica», confía Sam, que porta en la mano una tarta de frutas. «En mi pueblo, cerca de Los Ángeles, se manda a los familiares con los que no vas a pasar la Navidad un dulce de estos. Eso sí, nadie se lo come porque está malísimo», advierte. Sam, guitarra a la espalda, se atreve con una versión de los Beatles, pese a que sean ingleses. «Que conste que también me gusta Fito y Los Brincos. Es que el padre de mi familia de aquí los escucha mucho», explica.

TC, de Kansas, está encantado con la forma de ser de la gente. «Son menos políticamente correctos. Allí todo el mundo está tan preocupado por no ofender a alguien que siempre acaba ofendiendo más», reflexiona.

«Como un hijo»

Las neozelandesas Ruth Smith y Ashley Carter no pudieron evitar quedarse boquiabiertas al descubrir al Olentzero. «No parece para niños. Está sucio y fuma en pipa», coincidían. Nada que ver con Santa Claus.

Tras una pequeña presentación personal, que despertó más de una carcajada, los jóvenes montaron un original espectáculo, en el que no faltaron desde juegos malabares hasta villancicos. Pero el buen ambiente no sólo salpicó a los recién llegados, sino también a sus familias de acogida. Susana, que ha abierto las puertas de su casa en Getxo a Sydney Holden, natural de Alaska, no paraba de aplaudir a la joven, que se animó a entonar una canción de su Iglesia -Protestante- acompañándola con el lenguaje para sordos. «Es muy tímida, pero una vez que se suelta todo va sobre ruedas. Lo que más te cuesta es el principio, pero al final coges el concepto de que no es una invitada, sino un hijo más», asegura Susana.

Emi Martín y Paulino Antuñano comparten la misma opinión. Es el cuarto año consecutivo que este matrimonio de Sestao se involucra en esta iniciativa. «Es muy enriquecedora. Merece la pena», defienden.

Con el final del espectáculo llegó la hora de hincar el diente a los platos preparados por los chicos. Entre ellos, unos huevos con mostaza y vinagre, típicos de Alaska, que más de uno se atrevió a probar. Lo importante era descubrir otras formas de celebrar estos días.
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