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Cultura

CULTURA
A por la gloria literaria
Cada año se convocan unos 2.000 concursos de literatura en España, en los que se dan cita principiantes ilusionados, jóvenes con ganas de pulirse y asiduos semiprofesionales
27.12.07 -
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A por la gloria literaria
JUAN MANUEL DE PRADA , SE PRESENTÓ A 500 PREMIOS
Manuel Terrín empezó a escribir poemas cuando acabó el bachiller. Tenía entonces 32 años y hasta los 18 sólo había ido un año y medio a la escuela. Nació en Montoro, Córdoba, el 30 de junio de 1931, apenas un par de meses después de proclamarse la República. Cuando llegó a la edad de entrar en las aulas, explotó la catástrofe, la Guerra Civil. «Después de que aquello pasara, la preocupación era cómo comer, nada de letras, ni de estudios ni de libros. Empecé a guardar cerdos, cabras o lo que fuera, como muchos niños de la época. Tampoco era yo una excepción».

Terrín atesora hoy 1.530 premios literarios, unos mil de poesía y alrededor de 500 de relatos. De momento ostenta el récord español, consolidado cada año con sus 70 victorias por temporada. Nadie de momento puede seguirle a ese ritmo, aunque a su zaga viene una tropa muy numerosa, con grandes deseos de alcanzar su gloria.

Reincidentes

En España se convocan alrededor de 2.000 concursos, la mayor parte promovidos desde los ayuntamientos. A ellos acuden novatos, especialistas en ganar concursos y escritores jóvenes que se prueban a sí mismos para luego buscar la gloria en certámenes de renombre. Juan Manuel de Prada, que participó en «unos 500» entre los 16 y los 24 años, profesa a estos premios «un enorme agradecimiento». Ganó unos 40. «Fue una espléndida escuela y aún hoy siento melancolía por aquella época», recuerda el novelista.

Entre los concursantes abundan los reincidentes como el propio Terrín, ahora en competencia con los escritores de Latinoamérica. «Te puedes encontrar con que un cubano gana el premio de una pequeña localidad de Extremadura. Cada vez es más frecuente», explica Chema Álvarez, director de las talleres literarios Fuentetaja y editor de su guía de concurso, cuya versión 2008-2009 saldrá el próximo febrero.

La web escritores.org ofrece información sobre 1.500 convocatorias, y de las 3.000 visitas que recibe cada día, mil pinchan en el apartado de los premios. «Nosotros aconsejamos a nuestros alumnos que participen, y si es en alguno de prestigio, mejor. Les motiva y ayuda en su currículum», considera Álvarez, que lleva veinte años dedicado a la enseñanza de la escritura.

Óscar Alonso, autor de 'El coleccionista de cabezas reducidas' (Elea), ganó en 2002 su primer concurso, el Tiflos de la ONCE, actualmente premiado con 9.000 euros. Desde entonces, el autor vasco se ha llevado una veintena, entre ellos el Gabriel Aresti del Ayuntamiento de Bilbao. «El peligro está en encasillarte, pero el prestigio y el dinero se agradecen, aunque a mí el subidón sólo me da cuando me llaman y cuando lo recojo».

El encasillamiento, coinciden todos, es el enemigo a batir. «Si tienes mayores ambiciones, lo peor es que te etiqueten como ganador de concursos», resalta Alonso. «Puedes sentir la tentación de incluir un personaje local o la flor del azafrán para ganar un premio sobre ese tema, pero eso no te ayuda nada», añade Álvarez. «Al final das con un tono que sabes que gusta a los jurados, y el peligro entonces está en escribir los cuentos en serie. Hay que arriesgar, aunque no te entiendan», dice De Prada.

«Micropoder»

Este último y Óscar Alonso destacan dos nombres como asiduos ganadores, el gaditano Félix J. Palma y Miguel Sánchez Robles, «ambos muy buenos», incide De Prada, quien añade el nombre de Luis Leante, ganador del último Alfaguara de novela. Algunos concursantes llegan al límite de la profesionalización. «Yo empecé por darme a conocer y para ver si gustaba lo que hacía, no por el dinero, pero cuando estaba al final de la carrera lo llegué a pensar», confiesa De Prada, ganador de los premios Planeta, Primavera y Biblioteca Breve.

A Chema Álvarez le parece «complicado confiar tu vida a la lotería de los premios», pero habla de un «micropoder», de una red de influencias entre los asiduos que se conocen y se apoyan entre sí, porque algunos de ellos son jurados en otros galardones. Alonso dice que él sólo se presenta a los galardones que presume «limpios», como el Max Aub, que además tiene la ventaja de que editan el cuento ganador y el finalista en la editorial Pre-Textos, con una estupenda fama entre autores y lectores exigentes. El escritor vasco quedó en segundo lugar en la última edición, con el relato 'Los nombres de Castleman'.

Pero dar el salto hasta la verdadera escritura profesional pasa por la novela. «Si eres novel y sólo tienes relatos es muy difícil que te publiquen», apunta De Prada, quien todavía sueña con aquellos años en los que concursaba. «Sí, a veces sueño con que se acaba el plazo y no llego, o con que tengo que hacer copias. En fin, agradezco a todos los jurados de los concursos a los que me presenté, a los que me premiaron y a los que no».
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