
LONDRES
Íñigo Gurruchaga
El alcalde de Londres, Ken Livingstone, fue pionero en buscar la fórmula para descongestionar de tráfico su ciudad. Para ello, firmó en febrero de 2002 una orden municipal que creaba una tasa para los conductores que quisieran adentrarse en el corazón de la capital británica en días laborables. La medida entró en vigor un año después y afectaba a 250.000 automovilistas. Debían pagar 5 libras (7,5 euros) por un pase adquirido en tiendas, por correo, a través del teléfono -incluso por SMS- o por Internet. Unas 800 cámaras repartidas por la urbe registraban la matrícula de cada vehículo y un programa informático identificaba al propietario. Si no había pagado, la multa era de 120 euros, a excepción de coches de minusválidos, eléctricos, las motos, las ambulancias y los taxis. Al día siguiente de la puesta en marcha, el tráfico se redujo en un 10%, aunque fue jornada de vacaciones escolares, y hubo 10.000 conductores que se enfrentaron a la multa. En la actualidad, la tasa funciona de lunes a viernes entre las 07.00 y las 18.30 horas. Si se paga con antelación y hasta las diez de la noche del día en el que se circulará por el centro, cuesta 8 libras (12 euros), y después de esa hora, sale a 10 libras (15 euros). Livingstone bromeaba en su momento con la cantidad de alcaldes que le habían visitado para conocer la iniciativa y cómo todos comentaban que permanecerían pendientes para ver si salía reelegido. Y sí, salió. De hecho, se puede decir que la medida es popular. Desde 2002, el tráfico ha vuelto a hacerse difícil, pero todos se preguntan qué sería hoy del centro de Londres si no se hubiera aprobado la 'congestión charge'.
BERLÍN
Enrique Müller
A partir del 1 de enero, los propietarios de vehículos que deseen transitar por el centro de Berlín, un corazón urbano que ocupa 88 kilómetros cuadrados y en el que conviven unas 800.000 personas, deberán lucir una pegatina que garantice que los vehículos no son contaminantes. En caso contrario, el conductor de turno se enfrenta al pago de una multa de 40 euros y a ver cómo le penalizan con un punto en el registro de Tráfico. La medida también será aplicada en Colonia y Hannover. La obligación de llevar la pegatina se extenderá a los vehículos registrados en la ciudad (unos 1,4 millones) y también para los matriculados en otras ciudades y en el extranjero. Las autoridades diseñaron tres pegatinas que señalizan el nivel de emisiones contaminantes. A partir de 2010, sólo podrán circular en Berlín los vehículos que exhiban el distintivo verde.
ROMA Y MILÁN
Íñigo Domínguez
En Milán, segunda ciudad de Italia, no se habla de otra cosa: el 2 de enero empieza el 'ecopass', con el ejemplo de Londres. La alcaldesa ha escrito una carta a 765.000 vecinos para explicarlo. Sólo se podrá entrar en el centro pagando o con un vehículo no contaminante. No obstante, los 'motorinos' (ciclomotores), que son legión, están exentos de la medida. Cuesta entre 2,5 y 10 euros al día, según el tipo de vehículo y hay pases para varios días y residentes. La alcaldesa lo hace porque quiere adjudicarse la Expo de 2012 y el sistema estará a prueba hasta el 15 de abril, de 7.30 a 19.30.
Es la única ciudad italiana que probará esta medida. Roma tiene restringida la entrada en el centro hasta las seis de la tarde, con centenares de cámaras en los accesos que fichan a los infractores. Si funcionan, no se sabe, pero la gente los burla igual entrando en dirección contraria por algún callejón. Con un grave problema de aparcamiento, todo es zona azul, 92.000 plazas, que crecen a un ritmo de 12.000 al año. Roma, como otras capitales, aplica en los días de alta contaminación un sistema de matrículas alternas. Un día los pares, otro los impares. Mucha gente tiene dos coches, cada uno con un tipo de matrícula, y santas pascuas. En Palermo comenzaron el pasado día 14, con gran oposición popular.
PARÍS
Fernando Iturribarría
En el área metropolitana de París, con una población de unos diez millones de habitantes, se producen a diario 35 millones de desplazamientos, de los que 23 son por medios mecánicos y el resto a pie. En París capital, donde viven 2,2 millones de personas, más de la mitad de los desplazamientos se realiza andando: 3,6 del total de 6,6 millones. Ninguno de los principales candidatos a las próximas elecciones municipales de marzo propone la instauración de un peaje urbano. El alcalde, el socialista Bertand Delanoë, opina que «hacer pagar la entrada a los habitantes de la periferia sería una falta política y psicológica grave». Tanto él como la conservadora Françoise de Panafieu optan en sus programas por extender el éxito de las bicicletas de alquiler a motos y coches. La idea es poner en marcha a bajo precio un autoservicio de vehículos 'verdes', eléctricos, híbridos o poco contaminantes diseminados por la ciudad. También se va a experimentar un servicio de 'barcobuses' fluviales por el río Sena dentro de una estrategia encaminada a disminuir en un 40% el tráfico motorizado en el horizonte de 2020.
NUEVA YORK
Mercedes Gallego
El conductor tampoco es bien recibido en el centro de Nueva York, donde desde hace tiempo vive la odisea de entrar o deambular por esta ciudad y su entorno, que da cobijo a ocho millones de habitantes. El popular alcalde de la ciudad, Michael Bloomberg, uno de los pocos dirigentes republicanos comprometidos con los acuerdos de Kioto para frenar el cambio climático, ya se ha posicionado a favor de implantar un canon a los vehículos que entren en la ciudad. Otra de las cruzadas de Bloomberg se ha dirigido a los taxistas, obligándoles a cambiar sus coches por vehículos híbridos de combustibles ecológicos. No obstante, llegar al centro de la Gran Manzana en coche ya tiene su peaje. Apenas dos de los grandes puentes que cruzan al centro son gratuitos; el resto de las entradas para llegar al centro, bien sea por túnel o por viaducto, obligan a pagar un canon que oscila entre 2,5 y 6 dólares (algo más de cuatro euros) en función de las horas. Otra medida ya en marcha es permitir circular por el carril rápido a los vehículos ocupados por al menos dos personas, una iniciativa que despertó la ocurrencia de algunos conductores neoyorquinos, que llegaron a sentar muñecos hinchables a su lado para avanzar entre las caravanas. La estricta regulación del aparcamiento tampoco invita a sacar el coche del garaje, cuyo alquiler en una zona bien situada puede rondar los 500 dólares (347 euros).








