
Estas salas ocuparán la zona central de edificio, que antaño sirvió para comunicar los dos hornos que componen la estructura. «No tenemos un centro en el que se puedan dar talleres y creemos que éste puede ser un buen sitio», subrayó el alcalde, Oskar Martínez. Además, el proyecto de rehabilitación también contempla la posibilidad de crear «locales municipales», así como una exposición permanente donde se repase el pasado minero del enclave. «La idea es rescatar fotografías antiguas y planos del lugar para atraer a los visitantes», avanzó el primer edil. Y es que la iniciativa también pretende convertir el inmueble en un foco turístico.
Una pieza «única»
Motivos para formar parte de las rutas de los excursionistas no le faltan. Ubicado en el barrio de Golífar, es el único horno de este tipo que se conserva aún en el país. Su «singular arquitectura» ha terminado por convencer al departamento de Cultura del Ejecutivo autónomo, que ya ha iniciado los trámites para declararlo monumento.
Se empleó a pleno rendimiento entre los años 1961 y 1975. Y llamaba la atención, sobre todo, por su metodología de trabajo. Inspirada en los sistemas que se utilizaban en ese momento en Austria y en Italia, la instalación fue pionera en el País Vasco.
«Es del tipo Apold-Fleisner y se convirtió en algo totalmente innovador aquí», recuerda el concejal responsable del área de Cultura, Txemi Tejedor. El secreto: permitía eliminar las impurezas del hierro y aumentar su calidad hasta en un 20%. Además, a diferencia del resto, utilizaba gasóleo y no carbón como combustible. Unas características que le hicieron «exclusivo».










