Es el caso de José Enrique Sanzo. Este joven de Trapagaran había solicitado a Bareño un presupuesto con Reale. Le salía sobre 600 euros, precisamente la cantidad que le exige esta empresa en la querella. Pero él remarca que en ningún momento llegó a firmar un documento. De hecho, sostiene que, debido a problemas económicos, tuvo que dejar el coche aparcado dos meses porque «no tenía dinero para el seguro».
Estaba de vacaciones en septiembre cuando recibió la llamada de sus padres. Le pedían permiso para abrir una notificación judicial. Se le cayó el mundo encima. Reale le había demandado. «¿Pero si yo sólo conocía a esta firma por los anuncios de televisión!», exclama. Mañana se celebrará su juicio y, aunque se repite que todo saldrá bien, las dudas le asaltan y los lamentos salpican su discurso. «¿Maldita la hora en que se me ocurrió pedir aquel presupuesto!».
Para Ion Malaxaetxebarria, la situación es más surrealista. Es perito de seguros desde hace doce años y no puede creerse lo que le está pasando. «Sabía que hay una letra pequeña que te obliga a avisar con tiempo, pero siempre que me he cambiado no había tenido problemas», asegura.
Tiene la conciencia tranquila, pero le asusta la decisión judicial. «Si el juez nos condena, ¿qué significaría ese fallo?, ¿qué tengo que estar con una compañía para toda la vida? ¿O hasta que deje de tener un coche? Espero que llegue pronto la solución y acabe esta pesadilla», espeta.








