
EL DNI
-Afronta por primera vez una temporada como líder de un equipo.
-Por eso ha sido un invierno más duro que nunca. He intentado cuidarme aún más. Quiero volver al nivel que tuve en 2006. Creo que llega mi momento. Si no lo logro, siempre me quedará la espina de que no lo aproveché. En el Discovery tuve libertad en algunas carreras y en otras trabajé para los líderes. Aquí será igual. También hay corredores muy buenos.
-¿Siente presión?
-No. Estoy tranquilo e ilusionado. En 2006, sobre todo en el Vuelta y el Tour, me acerqué al nivel que creo que tengo. Y en los cuatro o cinco años buenos que me quedan espero estar así.
-A su estilo, como en la escapada que le dio la etapa de la Vuelta a España 2006, en Burgos.
-Sí. Hay que tener claro para lo que vales. Sé que para pasar la montaña con los mejores tengo que estar muy bien. Soy corpulento y me cuesta mucho trabajo alcanzar ese punto. Con mi experiencia, sé buscar las escapadas. Soy combativo. He ganado también la montaña de la Vuelta. En el Discovery aprendí a ser un corredor agresivo, optimista.
-¿Era el Discovery un equipo divertido?
-Mucho. Fuera y dentro de la carrera. Apenas había momentos de tensión. Incluso cuando se falló en el Tour 2006 no bajó la moral. La gente estaba a gusto allí. Y se notaba.
-¿Beneficia salir de casa, hacerse ciclista en el extranjero?
-Claro. Primero, porque he aprendido un idioma. Además, te abres al mundo. Conoces a gente muy distinta. Al final, te das cuenta de que todos tenemos los mismos problemas y alegrías. Luego, cuando vuelves a casa aprecias más lo que tienes.
-¿Qué fue lo que más le sorprendio en el Discovery?
-Todo. Había un montón de nacionalidades en la mesa. Ves otras culturas. Aprendes.
-Desde fuera parecía un equipo muy profesional, matemático, serio.
-Y lo era. Su filosofía es divertida pero muy exigente. Cogen las piezas que les encajan. Las mejores. Allí había que sacrificarse a tope. Y cuando lo das todo, también estás satisfecho.
-Vivió la etapa post-Armstrong, cuando el americano ya ocupaba el cargo de patrón de la escuadra. ¿Marcaba su presencia?
-Claro. Cuando aparecía él, llegaba el mejor ciclista de la historia del Tour. Se notaba. Había un respeto absoluto. Su opinión era la definitiva.
-En sus libros autobiográficos, Armstrong es un superviviente, un ejemplo para los enfermos de cáncer. Como ciclista, su imagen era más distante, fría. ¿Cómo es desde dentro del equipo?
-Le he conocido poco. Pero sí puedo decir que tenía mentalidad ganadora. Él es el mejor; su equipo es el mejor. Y eso es positivo. Cuando estás allí te sientes bueno, importante. Armstrong es un ganador nato.
-¿Qué aprendió en el Discovery?
-Que cada país es un mundo a la hora de entender el ciclismo. Que los corredores extranjeros hacen un esfuerzo enorme por ser profesionales. Renuncian hasta a su familia. Se van de su casa con quince años. Por eso, cuando yo pasaba momentos malos, pensaba en ellos, en gente que había renunciado a muchas más cosas que yo.
Hincapie y Contador
-Dice Johan Bruyneel, su ex director, que los ciclistas estadounidenses son mentalmente más fuertes por las dificultades que encuentran antes de ser profesionales.
-Aquí, los ciclistas apenas tenemos que desplazarnos cuando somos juveniles o amateurs. Antes, para mí venir a Bilbao era un viaje. Ahora, es como estar en casa. En el Discovery ves a corredores australianos que pasan sólo quince días al año en su casa.
-Aparte de Armstrong, el Discovery estaba lleno de figuras. Hincapie, por ejemplo.
-Hincapie es un encanto. Tiene un carisma tremendo. Muy querido por todos.
-¿Y Contador?
-Es una buena persona. Es joven, aún no tiene el carisma que puede tener Hincapie, pero es superalegre. Ha sufrido mucho (cavernoma cerebral) y sabe disfrutar de cada pequeña cosa de la vida.
-Vivió a su lado la victoria en el pasado Tour. ¿Es el corredor de los próximos años?
-Sin duda. Es el futuro. Es un ciclista diferente. En la primera concentración del equipo tenía fiebre. No pudo coger el avión y llegó con un retraso de nueve horas. Aun así, salió con nosotros en el primer entrenamiento. Se quedó atrás en el primer puerto. No podía. Al día siguiente, ya coronó con los primeros. Y al tercer día nos soltó a todos en la cuesta. Alberto es de los que se monta en la bici y se ve que es especial.
-Da envidia esa facilidad.
-Yo siempre le decía que era un privilegiado. Come lo que quiere, no engorda, y cuando se sube a la bici es el que más anda. Eso sí, un día me recordó todo lo que él había pasado, lo de su enfermedad. Cada uno tiene sus cosas. Ahora bien, a él no le cuesta trabajo ser ciclista.
Al nuevo Euskaltel
-Regresa al Euskaltel-Euskadi, su primer equipo profesional. ¿Cómo lo ha visto desde fuera?
-Ha cambiado mucho. Lo comentábamos en el Discovery. Ahora es un equipo diferente. Yo siempre me he llevado bien con Miguel Madariaga y me gusta la visión del ciclismo que tiene Igor González de Galdeano. Es una técnico inteligente.
-Vuelve al Euskaltel cuando el ciclismo está en crisis total. ¿Hay salida?
-No sé decir. Llevamos tres años diciendo que peor no podemos estar y sí que empeoramos. Seguimos en un mal momento y eso que se ha conseguido el primer objetivo de todo esto, que es la disminución del dopaje en el deporte. Pero no sé por dónde va a ir todo esto.
-Antes, el ciclista era un personaje entrañable en su pueblo. En Euskadi aún se mantiene esa imagen, aunque en parte se ha deteriorado.
-Sí. En los dos últimos años ha cambiado mucho. Incluso para la familia. Antes, era la madre de un ciclista, de un ídolo en el pueblo. Ahora, sólo le preguntan por el dopaje. Tenemos que aguantar eso. El verdadero aficionado es ahora más aficionado. Sigue valorando el sacrificio de este deporte. Pero hay otra gente que prefiere fijarse antes en las debilidades de los famosos que en sus virtudes.

















