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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 4 febrero 2012

Guipúzcoa

YOLANDA CUARTERO PSICÓLOGA
«Si los padres nos relajáramos todo iría más rodado»
La responsable del servicio psicosocial del Ayuntamiento de Ermua opina que hay que aceptar con normalidad la adolescencia, porque «nosotros también fuimos jóvenes»
18.11.07 -

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«Si los padres nos relajáramos todo iría más rodado»
SERVICIO MUNICIPAL. Yolanda Cuartero posa en unas escaleras en la Casa de la Mujer de Ermua. /JULIO CALLEJA
El Servicio de Atención Psicosocial del Ayuntamiento de Ermua ha ampliado considerablemente su horario de atención a adolescentes y sus familias. Se ha pasado de 10 horas al mes a 12 horas semanales, repartidas entre el lunes y el jueves, es decir, se ha cuadruplicado la oferta. El objetivo consiste en trabajar con la madre, el padre y los hijos en conflictos familiares, bien conjuntamente o por separado, para diagnosticar la fuente de las desavenencias y colaborar en la aplicación de medidas para evitarlas. Actualmente se trata con jóvenes desde los 6 hasta los 16 años, en 20 casos. De esta labor se encarga la psicóloga y experta en cuestiones de adolescencia, Yolanda Cuartero.

-¿En qué casos se ofrece este servicio?

-A veces acude a nosotros la familia, en función de sus conflictos en casa, o se ve que los niños tienen conflictos fuera de casa o en el entorno escolar. También nos dirigimos a familias con ruptura conyugal o en un momento de duelo por falta de uno de los cónyuges o algún otro familiar.

-No ha incluido la drogadicción en los ejemplos. ¿No se debe acudir en esta situación?

-En el caso de que el joven consuma, se puede intervenir. Aquí el problema es que quienes están interesados son los padres, no los hijos y cuesta arrastrarlos aquí. Hay una serie de pautas que ofrecemos para orientar a los padres.

-¿Cuáles son los signos de que hay drogadicción?

-Hay unas características específicas. Por ejemplo, si se ve un cambio de personalidad en el chaval, o bien una hiperactividad fuera de lo normal o una apatía o desmotivación. Se nota mucho en los estudios y en las alteraciones y cambios bruscos de humor y en que hacen cosas que no eran habituales hasta entonces. También se pueden apreciar los ojos muy abiertos o mucho apetito, fuera de lo normal, según a qué horas.

-¿Y qué hay que hacer?

-Hablar con ellos. Comentarles que sospechamos. Normalmente, lo negarán, pero les damos otra oportunidad y, si no vemos cambios, hay que actuar y buscar alternativas para sacarles del círculo en el que están.

-¿Cuáles son las pautas que se siguen en el servicio en cuanto a los conflictos más comunes?

-Primero se tranquiliza a los padres y se les hacer ver que los chavales están en un proceso de evolución y que ellos mismos están un poco desorientados. Trataremos de hablar con ellos, pero desde la tranquilidad hay más posibilidades de solucionarlo.

-¿Cómo sabemos si un conflicto es suficiente para acudir al servicio?

-Todo depende de la capacidad de aguante que tenga cada cual y la capacidad de entendimiento en la evolución del chaval. Los padres conocemos a nuestros hijos. Cuando te sientes perdido y ves que tus herramientas no son eficaces, entonces se puede acudir. A veces incluso no hay conflicto y lo ponemos. Los padres tenemos que tener más confianza en nosotros mismos.

-En Ermua, ¿cuáles son los casos más habituales?

-El más general son los problemas de convivencia en casa.

-¿En qué se concretan?

-En una mala relación. Puede que el conflicto sea actual o anterior.

-¿Otros casos habituales?

-Cuando hay separación entre los padres. Hay muchos niños que no lo llevan bien, lógicamente, porque antes estábamos todos juntos y ahora no. Es un proceso solamente de pareja, pero que hay que explicárselo bien al niño. Diciéndole, entre los dos, que van a cambiar las cosas y que él siempre va a tener a su padre y a su madre.

-¿Cómo se actúa?

-Primero, trato de que vengan padre y madre para hablar con los dos juntos, aunque, si no se puede, intento decirles lo mismo por separado. Hago un estudio emocional del niño y le explicamos qué es lo que ha pasado y que vamos a tratar de que no se sienta solo.

-¿Y se solucionan los problemas?

-Sí, evolucionan favorablemente, sobre todo cuando los padres se tranquilizan. Ha habido ya casos de alta.

-Cada vez se demandan más este tipo de atenciones. ¿Cuál es la razón?

-Ahora podemos pedir ayuda y la gente lo va aceptando. Vamos retirando la idea de que el que va al psicólogo está loco. El servicio psicológico se va normalizando.

-¿Hay pautas para prevenir esos conflictos?

-La adolescencia es un problema en sí, porque es un proceso de cambio y todo cambio nos lleva un tiempo para asimilarlo y aceptarlo. Si los padres nos tranquilizáramos, todo iría más rodado. Tenemos que aceptarlo, porque nosotros también fuimos jóvenes. Lo normal es que salgan. Hay que intentar que cuando salgan aprendan a controlar lo que tienen que hacer. Ponerles límites, pero no tenerlos con la cuerda corta. Somos una generación que exigimos más que la anterior, porque tenemos muchos más miedos.

Acoso escolar

-¿Qué dice del acoso escolar?

-El grado de agresión físico de los adolescentes y los niños y niñas ha crecido, y hay más en las chicas que en los chicos. Debemos actuar todos. Primero, hay que aprender una serie de valores humanos, exclusivamente en casa, nada de dar responsabilidades a los centros. Ellos sólo deben colaborar y tengo constancia de que lo hacen. Hay una mentalidad de que quien más puede es quien más pega, porque no sabemos hablar.

-¿Es conveniente denunciar los casos de agresión?

-En caso de sufrir 'bullying' se debe denunciar e intervenir los adultos. ¿Ojo! Muchos padres intentar justificar diciendo que son cosas de críos, pero si un niño sufre hay que actuar. Me consta que no es peor y se abordará como un castigo social.
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