
David López no acaba de creerse lo ocurrido, aunque desde el sábado lo ha contado al menos un millar de veces. Llegaba a casa pasadas las cuatro de la mañana cuando observó un gran revuelo cerca del párking donde estaciona uno de sus dos coches. «Estaban deteniendo a una persona corpulenta, de alrededor de 1,70 metros de altura y que, aunque sólo le vi de espaldas, no pasaría de los cuarenta años», recordaba ayer.
Sin darle mayor importancia, se dirigió hacia su casa y se topó con una furgoneta blanca con las cuatro ruedas pinchadas. Su sorpresa se tornó en estupor al observar que todos los turismos de la hilera izquierda de la calle Mariana Pineda estaban igual. Incluido el segundo vehículo de su propiedad.
Al interrogar a los agentes sobre lo ocurrido, le explicaron que el arrestado se había dedicado a «rajar» con una navaja las ruedas de la mitad de los automóviles estacionados en esta calle y de muchos de los aparcados en la ampliación del vial Andrés Jaureguibeitia, hasta sumar un total de 61.
«Nos la ha hecho gorda»
David Márquez no podía ocultar su indignación. El sábado madrugó para recoger los periódicos que vende en su panadería y se encontró las llantas en el suelo. «No me lo podía creer. ¿Pero cuánto tiempo destinó este descerebrado a hacer semejante avería!», se preguntaba.
Los ánimos estaban muy caldeados en el barrio. «Si cogemos al que ha hecho esto le linchamos», aseguraban algunos residentes. «Nos la ha hecho gorda, porque los seguros no quieren hacerse cargo al catalogar los daños como producto de un acto vandálico», protestaba Maite Cano.
Esteban Roiz continuaba ayer con la sustitución de las ruedas. Se las tuvo que llevar una a una para poner cubiertas nuevas a su Ford Scort. «A mi la 'broma' me ha costado 150 euros, pero a muchos más de 700», lamentaba. Este joven no se explicaba cómo, «estando mi coche aparcado en la salida de la comisaría, ningún policía se percató de lo que ocurría».
El Ayuntamiento reconoció que el autor de los hechos pasó el viernes por las dependencias policiales. «Es de Barakaldo y, como sufre esquizofrenia, nos pidió que le ingresáramos, pero su hermana prefirió hacerse cargo de él», explicaron fuentes municipales.










