
«Deseamos que esta crisis sea la ocasión para una discusión amistosa y franca entre nuestros dos países y para crear una solución que tenga en consideración los derechos fundamentales de Marruecos; es decir, el derecho de soberanía», expresó Naciri. El portavoz insistió en que Madrid y Rabat «acabarán por reencontrarse para hablar» y recalcó que el diálogo sobre Ceuta y Melilla será «un elemento fundamental para una buena recuperación en las relaciones, porque nuestro deseo es que las relaciones entre Marruecos y España sean ejemplares, de amistad y de cooperación». La secretaría general de la Liga Árabe mostró posteriormente su apoyo a la reclamación marroquí, al tiempo que pidió que España y el reino alauí resuelvan el contencioso «mediante el diálogo».
El ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, replicó que la españolidad de las localidades norteafricanas es innegociable y que la posición del Gobierno a este respecto es y será «clara, firme y contundente». El Ejecutivo cree, con todo, que no hay motivo para la preocupación. La vicepresidenta primera hizo de hecho caso omiso de la advertencia lanzada por Naciri y se mostró convencida de que las relaciones con el reino vecino serán pronto «tan buenas y excelentes» como eran hace unas semanas.
Las autoridades de Rabat, según aseveran fuentes gubernamentales españolas, no desean en realidad enfrentamiento alguno y tanto la llamada a consultas de su embajador, el pasado viernes, como posteriores gestos reivindicativos serían para exclusivo consumo interno.
Marruecos, según apuntan en La Moncloa, vive en una situación de inestabilidad política con un primer ministro nacionalista, Abbas El Fassi, designado hace apenas dos meses por Mohamed VI tras unas elecciones marcadas por la baja participación e importantes tensiones entre partidos. Los sectores más duros no habrían perdonado nunca al monarca que admitiese sin protestar el viaje de Don Juan Carlos y Doña Sofía a lo que ellos califican como «territorios ocupados». Pero en realidad, de acuerdo a las citadas fuentes, el rey alauí conocía de antemano la visita porque el propio soberano español -«al que trata como tío»- se la había anunciado.
Para el Gabinete de Zapatero, la prueba de que no hay motivo para la preocupación es que Mohamed VI eludió mencionar la cuestión en el discurso a la nación con motivo del 32º aniversario de la Marcha Verde. «Es cierto que condenó la visita en un comunicado tras la reunión del Consejo de Ministros -admiten fuentes del Ejecutivo en Madrid- pero que no lo hiciera en su alocución es muy importante».
«A trabajar juntos»
A este respecto, María Teresa Fernández de la Vega aseguró ayer que el diálogo durante los últimos días entre las autoridades de ambos países ha sido muy fluido. La vicepresidenta subrayó que España y Marruecos están condenados «a trabajar juntos» porque ambos comparten objetivos y áreas de desarrllo. «Las buenas relaciones van a permitirnos volver a la situación de normalidad», aventuró.
Ese convencimiento es, precisamente, el que lleva al Gobierno a calificar como «enormemente positiva» la histórica visita de los Reyes. Ha sido buena para don Juan Carlos, dicen, «porque deseaba hacerlo» -de hecho, la ministra de Administraciones Públicas admitió ayer que la idea del viaje había partido de los Monarcas- y buena para los ceutíes y melillenses porque «llevaban mucho tiempo esperándolo».






