
Además, el que avisaba de su múltiple crimen, titulado 'Masacre en el instituto Jokela-7.11.2007', guarda una siniestra similitud con el que colgó el surcoreano Cho Seung Hui, que mató a 32 personas en la Universidad Politécnica de Virginia hace siete meses. Tanto Auvinen como Cho se mostraban a sí mismos en las grabaciones apuntando a la cámara con una pistola, y la fotografía está tomada exactamente desde el mismo ángulo, con la boca del cañón en primer plano ocultando parcialmente sus rostros.
Esos y otros datos, que permiten despejar algunas incógnitas relacionadas con la masacre, comenzaron a conocerse ayer, mientras Finlandia, el país con el sistema educativo más prestigioso del mundo, vivía una jornada de luto y afrontaba con una mezcla de conmoción e incredulidad lo ocurrido en una tranquila localidad situada al norte de Helsinki.
Así, el superintendente detective Tero Haapala explicó que «no hay nada que vincule al asesino con las víctimas, excepto que iban al mismo instituto». Al parecer, las eligió al azar. Auvinen mató a seis estudiantes, a la enfermera del centro educativo y a la directora -en un principio se dijo que era el principal objetivo, aunque nadie lo ha podido confirmar-y, dos horas más tarde, los agentes le encontraron en un cuarto de baño cercano a la cafetería del centro con una herida de bala provocada por él mismo y que le causó la muerte.
Por su parte, el comisario jefe de la Policía de Helsinki, Jan Olof Nyhlom, indicó que en el escenario de la matanza se hallaron 69 casquillos, lo que apunta a que el asesino disparó tantas veces como pudo. Además tenía en su poder 389 balas. Las víctimas recibieron el impacto en la cabeza o en la parte superior del cuerpo. Mientras algunas presentaban sólo unas pocas heridas, otras recibieron hasta casi veinte tiros. Nyhlom agregó que el joven también intentó incendiar el edificio, al derramar un líquido inflamable en el suelo y las paredes de la segunda planta, pero que no fue capaz de encenderlo.
Nota de despedida
Y otro portavoz policial, Goran Wennqvist, manifestó que Auvinen dejó una nota de suicidio en su casa antes de perpetrar el ataque en la que se despedía de su familia y explicaba su odio hacia la sociedad. Entregada a los agentes por los propios padres, en ella explicaba las razones que le llevaron a cometer la matanza -las mismas que explicó en el vídeo-, aunque los investigadores no quisieron dar más detalles. La Policía nórdica también se incautó de libros y material impreso que podría sugerir que el autor de tal aberrante acción tenía «ideas radicales» y estaba planeando un ataque mayor.
Asimismo, ha trascendido que según sus compañeros de instituto Pekka-Eric Auvinen era un joven aparentemente normal, aunque tomaba antidepresivos para tratar sus problemas psiquiátricos. Por eso resulta ahora especialmente siniestro el comentario colgado por el propio moderador de YouTube en Internet, junto a los vídeos del pistolero finlandés: «60 miligramos al día evitan las masacres en las escuelas», en referencia a la dosis que consumía el autor del múltiple crimen.
De hecho, en una de las grabaciones, Auvinen afirmaba que sólo le quedaban dos opciones: seguir tomando pastillas o utilizar su arma, a la que incluso bautizó como 'Catherine'. Según un antiguo compañero, el asesino sufrió en ocasiones acoso escolar por parte de algunos estudiantes.






