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LA RIOJA
El perenne imperio de la tertulia
Ocho artistas, protagonistas de la exposición 'Espacio y volumen', quiebran las barreras intergeneracionales e indagan en los recovecos de la creación al calor del café
04.11.07 -
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El perenne imperio de la tertulia
DIÁLOGO. Balanza, Cenzano y Navaridas posan de pie; Piorno, Urra e Iglesias, sentados y Azpurgúa, recostado ante una pieza de su padrino, Félix Reyes. / FOTOS: MIGUEL HERREROS
La amplitud del grupo genera ciertas dificultades a la hora de encontrar una cafetería. La tertulia está a punto de comenzar: tiemblan las barreras temporales. «Buenas noches, somos ocho artistas y un periodista, ¿podemos tomar un café?». Naturalmente, acabarán siendo nueve. Carlos Rosales es uno de los comisarios de la exposición y oficia los prolegómenos.

'Espacio y volumen', dice, indaga en el tiempo y en el espacio, enfrenta a cuatro artistas jóvenes con otros tantos ya asentados y reconocidos en una suerte de apadrinamiento creativo. No se trata, advierte, de supervisión, tampoco de tutela, sino de diálogo, intercambio intergeneracional, conversación: tertulia.

Una misma mesa reúne a Iranzu Urra y Óscar Cenzano, a Ivo Iglesias y Demetrio Navaridas, a Ruth Piorno y José Carlos Balanza, también a David Azpurgúa. Su padrino es Félix Reyes, el único autor presente en la muestra organizada por el Instituto Riojano de la Juventud (IRJ) que no ha podido asistir a la tertulia.

Las parejas, apunta Rosales, han sido dispuestas con arreglo a criterios de afinidad estética. «Creo que se han entendido muy bien», dice, «hablaban el mismo lenguaje». Todo comenzó con una cita a ciegas, explica Navaridas, y se consolidó en una cena en Santa Lucía, en la casa de Reyes. Las parejas trabaron amistad en los estudios de los padrinos.

Las similitudes en la obra cerámica, explica Rosales, fundamentan el emparejamiento Urra-Cenzano. El refinado acabado de sus piezas y las figuras envolventes son otras conexiones. En el caso de Azpurgúa y Reyes la clave, apunta, «es su sensibilidad a flor de piel, también el tacto delicado de sus trabajos».

En opinión de Cenzano, los talleres representan «la vida del artista, incluso el polvo tiene algo que decir». La entrada del ajeno, apunta Iglesias, supone «una experiencia maravillosa, cada rincón rezuma personalidad». Es un regalo que te permite se partícipe de una biografía, convienen Piorno y Azpurgúa. En un principio, dice Urra, había cierto miedo a que no surgiese la conversación, pero todo funcionó muy bien.

La muestra, instalada en la sala de exposiciones del IRJ, recoge ahora en una proyección continua la esencia de aquellos diálogos entre diferentes generaciones de artistas. Los tiempos cambian y, según Navaridas, las diferencias entre los inicios de jóvenes y padrinos «son absolutas». Ahora, prosigue, «las instituciones apoyan a los artistas; antes, había que tener cincuenta años para ser mínimamente considerado».

A juicio de Balanza, los más jóvenes «tienen mogollón de problemas, hay muchísimos artistas y es muy difícil abrirse camino». En esta línea, tercia Urra para afirmar la dificultad actual para vivir de la creación. No obstante, es la labor creativa, el trabajo de taller, resuelve Cenzano, lo que te hace sentir artista, no tanto las ayudas o las exposiciones.

Amistad previa y presencia física en sus obras son, expone Rosales, el fundamento de la pareja Iglesias-Navaridas. Contrasta, añade, los caracteres tranquilo del primero y apasionado del segundo. El aparente hermetismo, su celosa intimidad es quizá la base del «genial» entendimiento entre Piorno y Balanza. La captura del tiempo en sus obras, puntualiza, forma parte del vínculo.

Los artistas convienen que la relación es una suma continua. Los papeles se confunden y ya nadie distingue entre padrino y apadrinado. «Así», dice Balanza, «se construye el futuro, sin duda, seremos más fuertes» tras esta charla, con esta exposición.

La velada prosigue, es tarde. Al día siguiente, 'Espacio y volumen' abrirá sus puertas y el público volverá a recorrer sus piezas. Si presta atención, descubrirá un susurro dialogante en sus recovecos. El diálogo de los autores ha dejado su impronta y la muestra se ha convertido en tertulia.
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