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DE CUANDO EN CUANDO
La muy granuja...
30.10.07 -
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OLMO Al hablar hoy de una granuja no me refiero a alguna de mis paisanas, sino a una máquina automática de esas que hay en las estaciones del metro y se encargan de validar y cancelar en cada viaje una de las líneas del billete o del bono. Y he dicho lo de granuja con perfecto conocimiento de causa, porque una de esas maquinitas ha querido darme un timo. Sí señor, un timo, que en el diccionario se define como «quitar o hurtar con engaño». Porque eso es lo que la maquinita me hizo. Me quitó o hurtó con engaño el importe de un viaje. Se lo explico.

Yo utilizo el metro diariamente haciendo al menos dos viajes. Pertenezco al privilegiado grupo de los jubilados, que tenemos un precio especial rebajado (la veteranía es un grado), y aprovecho la ocasión para agradecer a mi buen amigo Rafael, director del metro, esta deferencia que tienen con el paisanaje veterano. Y con el bono de diez viajes a precio módico voy y vengo tan feliz en este excelente y rápido medio de locomoción.

Normalmente, lo que hago al llegar al metro es lo que hacemos todos; meter el bono en la validadora y esperar que la maquinita se lo pase por el forro de sus chips y me lo devuelva con un viaje menos, y me voy tranquilo al andén. Todo lo que hago de vez en cuando es mirar el número de viajes que me quedan, cosa que no siempre es fácil de conseguir, y aprovecho la ocasión para suplicar al encargado de los repuestos que se anime a renovar más a menudo la tinta de las validadoras, porque algunas están las pobres tan sedientas de tinta que dejan la línea en blanco, obligándome a complicados cálculos a ojo para saber si me quedan o no me quedan viajes disponibles. (Aquí punto y aparte para volver al asunto del timo y para que respire mi amigo Gonzalo, que padece disnea).

Un buen día, al acercarme a la validadora, observé con asombro que la máquina anterior había intentado timarme un viaje porque, cuando aún me quedaban dos disponibles, introduje el bono y me lo devolvió asegurándome que había llegado al cero. Naturalmente, fui a denunciar el caso, y el jefe de estación, dándose cuenta de que la razón me asistía, me devolvio el viaje que me había timado la validadora. Habrase visto la muy granuja...
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