
Con esos antecedentes, fue enviado a la prisión de alta seguridad de Ittre y allí estuvo hasta el domingo, cuando varios compinches prepararon un operativo deslumbrante. A las cinco y media de la tarde los compañeros del hampa, tres o cuatro hombres armados y encapuchados, irrumpieron en una empresa de helicópteros de pequeño tamaño llamada Bynali. Allí coaccionaron a uno de los empleados para que les condujera en uno de sus aparatos hasta Ittre.
Cuando sobrevolaban la prisión, y ante el pasmo del piloto, los secuestradores le obligaron a tomar tierra en pleno patio. La difícil maniobra provocó un aterrizaje bastante accidentado y resultó herido un preso que, aprovechado la coyuntura, se aproximó al aparato.
Las autoridades belgas creen que la intención de Benallal era huir por aire, pero la confusión le fastidió el plan original. No impidió, sin embargo, que el peligroso recluso se hiciese con un arma, que posiblemente le proporcionó alguno de sus cómplices. Lo curioso del asunto es que, en medio del alboroto, el delincuente logró fugarse por la puerta principal de la prisión. Lo hizo cuando dos guardias la abrieron para evacuar el recluso herido.
Plan alternativo
Parece ser que había un 'plan b' por si fallaba lo del helicóptero, porque en las inmediaciones del centro penitenciario le esperaba otro compinche al volante de un Volkswagen Golf. Aunque varios agentes salieron en su persecución, logró darles esquinazo.
Ayer la Policía halló ese vehículo en un bosque cercano, pero no hay más pistas sobre el paradero de Benallal, según explicó el fiscal de Nivelles, Jean-Claude Eslander. Además, los agentes se vieron obligados a hacer un registro general en la cárcel tras el suceso por si algunas de las armas utilizadas en la evasión se hubiesen quedado en manos de algún preso.
No es la primera vez que hay una aventura parecida en prisiones belgas. El pasado mes de abril, otro recluso, Erik Ferdinand, consiguió fugarse de la cárcel de Lantin (Lieja) en un helicóptero con la ayuda de tres cómplices.






