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RAFAEL PÉREZ, CERAMISTA
«No tengo mayor aspiración que seguir disfrutando de mi trabajo»
El artista jarrero será aceptado en China como miembro de la Academia Internacional de Cerámica Su ingreso se hará efectivo en septiembre de 2008
28.10.07 -
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«No tengo mayor aspiración que seguir disfrutando de mi trabajo»
Rafael Pérez, un artista que se abre al exterior desde su taller de Haro. / R. RIVERA
Rafael Pérez, hombre de a pie y bici por las calles de Haro, artista multidisciplinar en la intimidad de su apartado taller de la Avenida Bretón donde rumia y crea, ceramista a ojos de todo el mundo menos de los que le miran muy de cerca y se sorprenden de quién es, da un paso más en su innegable progresión artística y se convierte, a sus cincuenta años «redondos» en miembro de la Academia Internacional de Cerámica, distinción para la que ha sido propuesto por especialistas y críticos de arte. Sigue, en definitiva, creciendo. China, el país donde se procederá al ingreso de los nuevos académicos en septiembre de 2008, espera la presentación de su obra; y el Museo Ariadna de Ginebra (Suiza), su llegada para tomar posesión del nuevo cargo.

-Desde hace unos años, el reconocimiento a su obra empieza a superar todo lo previsible.

-No me puedo quejar, desde luego. Al menos a nivel nacional, hasta el momento, me ha ido realmente bien.

-¿Se lo esperaba, sospechaba que podría darse esta circunstancia tan relevante para su trayectoria?

-Moviéndome como me muevo en un pueblo pequeño, la verdad es que tampoco tenía demasiado contacto con el mundo exterior y no tenía una dimensión real de lo que estaba pasando. Me ha sorprendido, ciertamente.

-Pero se trata de una distinción que tendrá consecuencias favorables.

-Es un reconocimiento, sin duda. Y además internacional, con lo que eso supone. Me imagino que me servirá para abrir puertas en otros países.

-Y eso que usted tampoco ha tenido demasiadas complicaciones para moverse en el ámbito exterior.

-No, de momento no ha ido mal la cosa. Pero es de suponer que a partir de ahora podría resultar incluso más sencillo.

-¿Tiene la sensación de haber llegado, tan joven, a un nivel de aceptación imposible de superar?

-Para nada. Y, además, tampoco soy tan joven. Me muevo en los cincuenta, redondos. Vivo muy metido en el trabajo y no siempre estoy al tanto de todo lo que pasa a mi alrededor. Por otra parte, en España sucede algo muy peculiar con la cerámica porque parece moverse al margen de la Historia del Arte y del resto de manifestaciones artísticas, que son mucho más conocidas por todos.

-Un artista se considera a sí mismo en un proceso de formación, de experimentación, de investigación imparable. ¿En qué estadio se encuentra ahora?

-En plena ebullición, porque con esta técnica y estos materiales tan versátiles, tengo una enorme ventaja sobre cualquier otra disciplina artística. Es muy fácil hacer un camino personal, a diferencia, por ejemplo, de la escultura, donde siempre hay referencias y se oye hablar de parecidos. En la cerámica, por la peculiaridad de su técnica y la particularidad de sus materiales, por lo poco investigado que está, es fácil encontrar -por lo menos para mí así lo ha sido hasta este momento- un camino diferente de trabajo. Y, por consiguiente, la obra es muy personal, se vincula mucho más al autor.

-¿La cerámica ha pasado de ser un elemento puramente decorativo a ser considerado un código de lenguaje artístico?

-Sin duda alguna. Tal vez no en otros países, como Japón, donde hay más galerías de cerámica que de cualquier otra disciplina. En España se considera de esa forma. Posiblemente desde Picasso, empezó a ser vista como otro medio de expresión artística. Hasta entonces no había sido entendida como una alternativa muy importante. A partir de él, sí. Empezó a ser concebida como un camino más de expresión del Arte.

-Los ceramistas empiezan a hacerse con un hueco en el restringido campo del arte 'reconocido', oficial. ¿Qué ha permitido cambiar esa dinámica?

-Supongo que la producción de una obra con un carácter y una categoría especial que ha permitido introducirla en el circuito. No deja de ser por ello sorprendente, en todo caso, que se haya tenido que producir a estas alturas.

Proyección al exterior

-A través de su obra, Haro se abre al resto del mundo. ¿Por qué sigue tan arraigado a su taller y a la finca de Bretón? ¿Por qué no ha cedido a la tentación de incorporarse a las grandes urbes y al gran mercado del Arte?

-Porque vivo muy a gusto aquí. No hay otra explicación. En una ciudad es muy difícil tener un taller espacioso y con unas condiciones adecuadas para el trabajo... Aquí lo tenía y me siento muy tranquilo. Sin duda es más difícil trabajar en Haro que en muchos otros sitios, pero lo llevo bien.

-Deambular en bicicleta por este diminuto 'paraíso terrenal', vivir tan cerca de la dinámica de una ciudad ¿le ayuda a reforzar el proceso de introspección previo al de creación?

-Si soy sincero, no lo sé. Voy en bicicleta simplemente porque me gusta. No es algo que tenga mayor trascendencia. En cuanto a lo del proceso creativo, creo que en mi caso concreto la creatividad consiste en meter muchas horas y en disfrutar mucho de lo que hago.

-¿Cuál será el siguiente paso?

-Seguir, sin más, no tengo ninguna aspiración más que esa, seguir disfrutando.
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