Sencillo, en teoría; complicado, en la práctica. Y es que, en palabras del profesor universitario Teodoro León, en la red se da «el ecosistema favorable para que aquellos que desean imponer sus propias leyes puedan hacerlo aprovechando la debilidad de los controles». Además, el fenómeno de Youtube se ha disparado a tal velocidad que ni siquiera Google, su propietaria, ha sabido adaptarse. «No tiene la flexibilidad ni el personal necesario para controlar todo lo que se cuelga», asegura el doctor León.
Las imágenes publicadas en la red cuentan, además, con el hándicap de la territorialidad. A saber, la Justicia española puede perseguir los delitos cometidos por servidores que están en territorio nacional; para el resto, en cambio, es necesaria la colaboración del país en el que se encuentra.








