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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Mundo

El fuego arrasa california
La espiritualidad californiana conjura los fantasmas del Katrina
Los incendios han provocado el mayor movimiento de desplazados vivido en Estados Unidos desde el azote del huracán
24.10.07 - 21:24 -

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Las llamas acaban con miles de viviendas y fuerzan la evacuación de más de medio millón de personas. / Ap
El espectro del Katrina flota en el aire y es imposible no comparar el estadio del Qualcomm de San Diego con el Superdome de Nueva Orleans, pero son como el día y la noche. El Superdome era el infierno bajado a la tierra, un Sodoma y Gomorra donde las bandas callejeras gobernaban el lugar y las masas se amotinaban por una ración de comida. La Policía los trataba como escoria y no dudaba en disparar a quien intentase abandonar aquel infierno. En el Qualcomm los refugiados son las víctimas a las que todo el mundo quiere mimar. Es como si la conciencia social de California se hubiera concentrado en desahuciar esos fantasmas que han traumatizado al país durante estos dos años.

"Todas nuestras necesidades han sido cubiertas, este lugar es alucinante", dice Cliff Thomann, padre de cuatro niñas de entre cuatro y 17 años que llevan tres días durmiendo en el aparcamiento del estadio. "Ha pasado por aquí tanta gente ofreciéndonos cosas que hace ya dos días que les decimos a todo que no. Anoche, en la cena, había tanta variedad de comida que tuve que cortarme, porque lo que no quiero es salir de aquí con cinco kilos de más".

Las donaciones han caído sobre el estadio con tanta consistencia como las cenizas que cubren la ciudad. Los voluntarios hacen cola para ofrecer desde servicios médicos hasta juegos de niños, masajes o acupuntura, y el Gobierno Federal ha estado tan dispuesto a ayudar, que el propio gobernador Arnold Schwarzenegger pensó que era una broma la primera vez que le dijeron que el presidente estaba al teléfono.

Así es como la naturaleza le ha dado a George W. Bush una segunda oportunidad para redimir los pecados del Katrina, bendecido esta vez por el plácido espíritu del hippismo californiano, que confía en el karma de la vida.
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