Algo que debe imputarse al acierto de la comisaria Rosa Martínez, cuya selección y estrategia expositiva es tan acertada como filosóficamente válida. Lo digo porque, al permitir libremente distintas definiciones individuales del arte actual que se expresan en diferentes lenguajes y formatos, surge espontáneo un formidable hilo conductor que no es otro que el de la contemporaneidad. Una contemporaneidad perfectamente incardinada en la mejor vanguardia creativa, cuya presencia se encuentra en las dramatizaciones narrativas de Ixone Sádaba, en el maravilloso espíritu convulso de Itziar Okariz, en la teatralidad de Abigail Lazkoz, en la sorpresa del arte total de Aitor Ortiz, en el juego inteligente con el espacio de Maider López o en la simbología discursiva de Ibon Aranberri.
Un gran muestra, sí, que bien merecería una adquisición global por parte del museo.






